Foto: El flaustista. columna cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en octubre 01, 2026
Por: Denuncia ciudadana. cambioin.com
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En la política tolimense hay personajes que no necesitan ganar elecciones para gobernar. Les basta con hacer creer que las ganan. A uno de ellos, en los corrillos de Ibagué y Honda, ya no le dicen por su nombre. Le dicen El Flautista.
Se trata de Juan Guillermo Beltrán Amórtegui, exalcalde de Honda, actual diputado del Tolima por Cambio Radical y hoy gerente liquidador de un partido que en el departamento está casi extinto.
El apodo no es gratuito. Según relatan alcaldes, concejales y operadores de tres colectividades distintas consultadas para este artículo, Beltrán ha logrado lo que pocos: tener embobadas —hipnotizadas, dicen ellos— a la Alcaldesa de Ibagué y a la Gobernadora del Tolima.
¿Con qué flauta toca? Con la más vieja de la política tolimense: el caudal electoral. El caudal que nadie ve en papeles, Cambio Radical en el Tolima hoy sobrevive apenas con una credencial en la Asamblea y una alcaldía que maneja el propio Beltrán. En las legislativas de 2026, el partido ni siquiera logró consolidar lista a la Cámara y se quedó por fuera de la contienda.
Y sin embargo, en cada negociación, en cada foto, en cada reparto, Beltrán aparece como si trajera 30.000 votos bajo el brazo.
Es el truco del flautista: infla su chequera electoral. Promete el norte, promete Honda, promete el respaldo de Cambio Radical —un partido que en el Tolima, como admiten sus propios balances, pasó de tener tres diputados y ocho alcaldes a no tener nada— y a cambio cobra.
Y cobra caro.
La burocracia como peaje
Fuentes de la Alcaldía de Ibagué y de la Gobernación del Tolima coinciden en la misma queja, en off the record por temor a represalias burocráticas: cada movimiento estratégico, cada adhesión que anuncia, cada rueda de prensa donde dice que "el equipo mayoritario" de su colectividad apoya a tal o cual candidato, termina en una factura.
Secretarías, direcciones, convenios para Honda gestionados desde la Gobernación, puestos en la Fábrica de Licores —esa misma sobre la que él mismo sentenció que "el ataúd lo compró el Amarillo y la misa la va a oficiar el Antioqueño"— y cuotas en institutos descentralizados.
No es política. Es peaje. Es la lógica del que no tiene votos pero tiene relato. Mientras otros ponen los votos de verdad el día de las elecciones —como se vio cuando congresistas foráneos tuvieron que venir a buscar los votos que los locales no les garantizaban— él pone la narrativa. El problema es que la narrativa le está saliendo cara al Tolima.
Hoy Beltrán, además, enfrenta la lupa judicial. La Fiscalía General lo judicializó por presuntas irregularidades en un contrato de 2017 cuando era alcalde de Honda para actividades deportivas y recreativas, sin cumplir requisitos. Un proceso que avanza en la Fiscalía 34 Anticorrupción de Ibagué.
¿Hasta cuándo suena la flauta?
La pregunta que se hacen en la Asamblea y en el Concejo de Ibagué no es si Beltrán tiene poder. Es evidente que lo tiene. La pregunta es por qué dos mandatarias con todo el poder del presupuesto y del aval popular siguen bailando al son de una flauta sin orquesta.
El flautista del cuento original se llevaba a los niños. El del Tolima, dicen sus críticos, se está llevando la burocracia.
Y a diferencia del cuento, aquí todos saben quién toca. Lo que nadie explica es porqué le siguen abriendo la puerta de la Alcaldía y de la Gobernación cada vez que hace sus triquiñuelas.
Si la Alcaldesa y la Gobernadora quieren romper el hechizo, solo tienen que hacer una cosa que el flautista teme: pedirle que muestre los votos en las urnas, no en Excel.