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El Predial que Asfixia: La Escalofriante Realidad de un Impuesto Impagable en Colombia

El Predial que Asfixia: La Escalofriante Realidad de un Impuesto Impagable en Colombia

Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en abril 29, 2026

Por Michael Steven Mejía Ospina

Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.

 

La factura del impuesto predial ha dejado de ser un simple recibo para convertirse, en muchos hogares colombianos, en una verdadera sentencia financiera. Lo que debería ser una contribución razonable al desarrollo local, se ha transformado en una carga desproporcionada que amenaza la estabilidad económica de familias y empresas, y que desnuda una dolorosa realidad: la desconexión entre la burocracia estatal y la capacidad de pago de los ciudadanos.

 

El caso de Prado, y los incrementos en sus zonas geoeconómicas según las resoluciones del IGAC, es un ejemplo estremecedor de esta problemática. Cuando escuchamos hablar de aumentos del 1.961% en la base catastral, no estamos ante una cifra cualquiera; estamos frente a un detonante de crisis. Es imperativo que comprendamos que, aunque la tarifa del impuesto predial (el porcentaje que se aplica) se mantenga constante, si la base sobre la que se calcula (el avalúo catastral de nuestro inmueble) se dispara de esa manera, el valor final a pagar se vuelve abismal.

 

No se necesita ser un experto en finanzas para entender el impacto. Los ejemplos son palpables y dolorosos: personas que pagaban $170.000 pesos anuales hoy se encuentran con facturas de $800.000. Este no es un ajuste; es un golpe al bolsillo, una expropiación silenciosa que fuerza a muchos a considerar la venta de sus propiedades o a endeudarse para cumplir con una obligación que, de la noche a la mañana, se tornó impagable.

 

¿De dónde viene este tsunami predial?

 

La raíz del problema radica en la anhelada, pero a menudo mal ejecutada, actualización catastral. Colombia ha arrastrado por décadas un rezago en sus avalúos, con propiedades valoradas muy por debajo de su precio comercial. El objetivo del Catastro Multipropósito, promovido desde hace años, es reducir esta brecha y acercar el valor catastral al valor real de mercado. Sin embargo, la implementación de este proceso, como la Resolución 2057 del IGAC de diciembre de 2025 que actualizó avalúos en 527 municipios, ha generado efectos devastadores.

 

El senador Ariel Ávila, del Partido Alianza Verde, ha sido una de las voces que ha denunciado esta situación, señalando incrementos desproporcionados en municipios como San Antonio del Tequendama, donde predios que valían $16 millones pasaron a $261 millones en un año, disparando el predial de $155.000 a $1.700.000. Otros casos superan el 5.000% de aumento. Estas cifras no son errores de cálculo; son la cruda realidad que enfrentan miles de colombianos.

 

Las Consecuencias: Un Pueblo en Resistencia

 

La reacción ciudadana no se ha hecho esperar. Las protestas de campesinos y propietarios en Santander, Boyacá, Cundinamarca y otras regiones, con bloqueos viales y reclamos airados, son la muestra más fehaciente del descontento. Comunidades enteras, especialmente en zonas rurales donde el valor del predio es la tierra trabajada y no un capital líquido, se ven obligadas a pagar sumas que superan sus ingresos anuales. Es el predial que, como bien lo describe un titular, "convirtió a campesinos en ricos, pero solo en el papel".

 

El IGAC, por su parte, ha argumentado que son las administraciones municipales quienes fijan las tarifas y aplican los topes. Y es cierto que existen normativas, como la Ley 44 de 1990 y leyes posteriores, que establecen límites a los incrementos anuales del predial (por ejemplo, para predios de menos de 100 hectáreas, el avalúo no debería subir más del 50%, y para otros, no más del 100%). Sin embargo, la realidad de los recibos que llegan a los hogares contradice flagrantemente estas salvaguardas.

 

La Necesidad Urgente de una Solución Real

 

Lo que estamos presenciando es un choque entre la teoría de la actualización catastral y la dura realidad socioeconómica de Colombia. El Catastro Multipropósito es una herramienta necesaria para el ordenamiento territorial y la equidad fiscal, sí; pero no puede aplicarse de manera ciega, sin considerar las particularidades de cada región y la capacidad de pago de sus habitantes.

 

Es inaceptable que la factura del predial se convierta en un factor de empobrecimiento y de despojo para miles de familias. Los alcaldes y concejos municipales tienen una responsabilidad inmensa al definir los estatutos tributarios y aplicar los topes. El Gobierno Nacional, el IGAC y las autoridades locales deben sentarse a revisar con urgencia este modelo, recalibrar los avalúos desmesurados y establecer mecanismos de gradualidad y alivio que sean justos y aplicables.

 

El pago del predial es una obligación. Pero un impuesto impagable deja de ser una contribución para convertirse en un factor de injusticia y de inestabilidad social. Miles de colombianos están viendo cómo el predial se come sus ahorros, sus sueños y, en muchos casos, sus propiedades. Es hora de que la realidad y el sentido común prevalezcan sobre las cifras frías de un escritorio. El clamor de los ciudadanos es claro: Catastro sí, pero no así.

 

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