ACTUALIDAD

Érase una vez una rata Hurtadillo y el cuento del hambre

Érase una vez una rata Hurtadillo y el cuento del hambre

Foto: José Baruth Tafur Gutiérrez, abogado, Columnista cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en enero 06, 2026

Por: Jose Baruth Tafur Gutierrez

Abogado-Especialista Univ. Externado Maestrante Comunicación Política Univ. Externado. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.

 

Érase una vez, antes de que el reino cayera del todo, una Roedor Buitre  que gobernó un pequeño feudo llamado Lérida. No volaba alto, pero sabía dónde caer. Donde debía haber alimento, dejó escándalos; donde debía haber cuidado, dejó dudas; y donde debía haber transparencia, dejó silencios. Así lo contaban los pregoneros del reino, esos cronistas incómodos que narran lo que las ratas preferirían esconder.

 

Aquella Roedor Buitre hermana y parte del clan Hurtadillo, aprendió pronto el arte de roer sin dejar huella: programas sociales convertidos en laberintos, comedores con más preguntas que platos, solo estómagos vacíos de niños esperando un bocado, y una administración que olía más a madriguera que a hogar. No fue un error aislado; fue escuela. Porque las ratillas no improvisan: se entrenan.

 

Luego apareció la Gran Rata Buitre, elegante, bien peinada, de traje Gucci y sonrisa de queso importado. Algunos cronistas insistían en llamarla por su nombre humano; el pueblo, más sabio que ingenuo, la bautizó Hurtadillo.

No robaba migajas. Gobernaba, se hurtaban todo el queso.

Hurtadillo caminaba erguido y hablaba de progreso mientras afilaba las garras en el presupuesto del reino. Prometió un puente como quien promete un milagro… y dejó un fantasma. El Puente Fantasma de la 60 , existía en papeles y contratos, brillaba en discursos y desaparecía en la realidad. pero todos en el reino a un lo pagan. Así, el oro del reino se iba como pan hacia la madriguera.

 

El Clan Roedor Buitre Hurtadillo no se escondía. Volaban bajo, en círculo, esperando el momento exacto para descender. Donde debía haber claridad, había ruido; donde debía haber respuestas, había excusas. Nadie mordía de frente; todos roían por debajo. Y mientras discutían balances, el pueblo contaba huecos. El dolor de esta fábula no está en la burla.

 

Está en el hambre de cada niño que de cada persona que no tiene un plato de comida o no puede pagar donde vivir. Niños esperando alimento mientras las ratas aprendían a justificar.

Ciudadanos esperando obras mientras Hurtadillo inauguraba maquetas.

 

Un reino entero viendo cómo su ciudad se volvía madriguera.

Y como en los cuentos malos , este nos enseña que las ratas no se fueron pobres, están con mansiones en una villa  cerca de Picaleña. Mientras el reino se agrietaba, aparecían casas lujosas, reservas exclusivas y vidas de abundancia. Porque, mágicamente, en este cuento ser Ratilla Mayor sí da frutos Pero a costilla del pueblo.

Ahora, lo más inquietante del relato: Quieren volver a roer lo que quedó, a repetir la fábula, a convencer al reino de que esta vez el puente sí aparece, de que ahora sí habrá final feliz. Las ratas siempre creen que el pueblo olvida. El pueblo siempre recuerda… cuando alguien se lo cuenta.

 

José Baruth Tafur Gutiérrez, Abogado Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña

Maestrante Comunicación Política

 

Estás Leyendo cambioin.com

NOTICIAS RELACIONADAS