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Justicia para Juliana: la tragedia que puede y debe servir de lección

Justicia para Juliana: la tragedia que puede y debe servir de lección

Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en mayo 20, 2026

Por Michael Steven Mejía Ospina

Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.

 

Amigos, compatriotas, hoy no quiero escribir una columna cualquiera. Hoy quiero hablar de Juliana Giraldo Zuluaga, una joven de apenas 18 años que tenía toda la vida por delante, un sueño por cumplir y un amor inmenso por su hijo de ocho meses. Pero la crueldad y la violencia la arrebataron de golpe, en un acto que ha conmovido a todo Colombia y que nos obliga a mirar hacia adentro, a preguntarnos qué estamos haciendo mal y qué podemos cambiar.

 

La historia de Juliana es la historia de miles de mujeres que, como ella, quedan atrapadas en redes de control, miedo y aislamiento. Se encerró en su propia casa porque quería salir de una relación dañina, pero su pareja, Sebastián Sánchez Herrera, la mantuvo prisionera: le pasaba la comida por una ventana, le impedía ver a sus seres queridos, le quitaba la libertad y, finalmente, le quitó la vida con un palo, delante de su propio bebé.

 

Sus familiares lo intentaron. Fueron a la Fiscalía, a la Policía, al ICBF. Pidieron ayuda, denunciaron los maltratos, pero las respuestas no llegaron a tiempo. "Nosotros denunciamos y nadie hizo nada", dicen entre lágrimas. Y esa frase no es solo una queja: es un grito de alerta que nos dice que algo falla en nuestro sistema, que las alertas que las mujeres en situación de riesgo envían no siempre son escuchadas, que las medidas de protección no siempre llegan cuando más se necesitan.

 

Juliana quería separarse, quería criar a su hijo sola, quería volver a ver a sus padres y amigos. Pero la violencia la venció. Y lo más doloroso es que su muerte pudo haberse evitado. Si se hubiera escuchado a sus padres, si se hubiera actuado con prontitud cuando las primeras denuncias llegaron, si hubiéramos puesto el cuidado y la protección que toda mujer y todo niño merece, hoy Juliana seguiría con nosotros.

 

Este caso nos debe servir de ejemplo, pero no del que queremos, sino del que no debemos repetir. Aprender a escuchar, a creer en las denuncias, a proteger a quienes piden ayuda: eso es lo que nos pide la memoria de Juliana. Su hijo crecerá sin su madre, y esa es una herida que el tiempo no cerrará del todo, pero podemos convertir su tragedia en una oportunidad para que otras mujeres no sufran lo mismo.

 

La justicia ya comenzó a caminar: el autor ya está detenido y responderá por sus actos ante la ley. Pero la verdadera justicia no está solo en los tribunales. Está en que dejemos de ser indiferentes, en que atendamos cada llamada de auxilio, en que defendamos la vida y la libertad de cada ser humano, especialmente de quienes más vulnerables están.

 

Juliana se fue demasiado pronto, pero su nombre quedará para siempre como una advertencia y como un recordatorio: la violencia contra las mujeres no es un asunto privado, es un asunto de todos. Y como sociedad, debemos comprometernos a que ninguna otra historia termine como la suya.

 

Descanse en paz, Juliana. Su voz no se callará, y su muerte servirá para que otras vidas se salven.

 

#JusticiaParaJuliana #NoMasViolencia #ColombiaProtege

 

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