Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en abril 27, 2026
Por: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, Defensor de Derechos Humanos, representante de las personas con discapacidad, personas vulnerables y de todos los colombianos. Columnista invitado cambioin.com
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La Calle 15 de Ibagué es, durante el día, el corazón palpitante de nuestro comercio, el ir y venir de ciudadanos trabajando, comprando, construyendo el futuro. Es un eje vital de nuestra economía y vida social. Pero cuando el sol se oculta y las luces de los negocios se apagan, la misma calle se transforma en un escenario de sombras, un mundo paralelo que pocos quieren ver, pero que todos deberíamos enfrentar.
Esta transformación nocturna no es exclusiva de Ibagué; es un espejo de lo que, con variaciones, ocurre en muchos centros urbanos de Colombia. Sin embargo, en nuestra capital musical, este cambio se ha vuelto particularmente doloroso y complejo.
Cuando la Noche Desvela la Oscuridad
Al caer la noche, la Calle 15, y sus alrededores, se convierte en un epicentro de problemáticas sociales que nos avergüenzan y nos duelen. Allí, a la vista de todos, se entrelazan y exacerban fenómenos como:
- La prostitución, abierta y descarada: Con la presencia de personas de diversas identidades y orientaciones sexuales, las "michas sexualidades", gays y transgéneros que, en muchos casos, son empujados a esta cruel realidad por la falta de oportunidades, la exclusión y la estigmatización. Más allá del juicio moral, debemos entender que detrás de cada historia hay una vida que clama por dignidad y protección.
- El microtráfico y consumo de drogas: Una plaga que consume a nuestros jóvenes y desintegra familias enteras, alimentando un ciclo de violencia y marginalidad que parece no tener fin.
- Menores de edad delinquiendo: Una de las caras más dolorosas de esta realidad, donde niños y adolescentes, en lugar de estar en casa o en las aulas, se ven inmersos en redes de hurto y otras actividades ilícitas, robándoles su futuro y el de nuestra sociedad.
- Atracos, riñas y violencia desmedida: La noche en la 15 se tiñe de inseguridad. Lo que empieza con una riña por cualquier motivo, puede terminar en tragedias, e incluso muertes, que quedan impunes o en la impunidad de las estadísticas.
- Las "orgías" y el abuso de los espacios públicos: La degradación del espacio público llega a niveles inaceptables, donde la moral y el respeto por los demás se diluyen en un ambiente de descontrol.
Un Grito de Auxilio para Ibagué y el País
Esta no es una columna para señalar con el dedo, sino para hacer un llamado urgente a la reflexión y a la acción. No podemos seguir ignorando lo que sucede en el corazón de nuestra ciudad. Pretender que estos problemas no existen es condenar a Ibagué a un deterioro social irreversible.
Necesitamos entender que estos fenómenos no son aislados. Son el resultado de profundas inequidades sociales, falta de oportunidades, fallas en el sistema educativo, una precaria salud mental y, sí, también, la ausencia de una autoridad y unas políticas públicas integrales que aborden estas complejidades.
¿Qué hacer?
- Intervención Social Urgente: No basta con la presencia policial. Se requieren programas sociales robustos que ofrezcan alternativas reales a quienes se ven obligados a la prostitución o al consumo de drogas. Necesitamos presencia de psicólogos, trabajadores sociales, educadores que brinden apoyo y oportunidades.
- Seguridad Integral: Reorganizar y fortalecer la presencia policial, no solo para la represión, sino para la prevención y la protección. Cámaras de seguridad, mejor iluminación y patrullajes estratégicos.
- Recuperación del Espacio Público: Invertir en la recuperación y embellecimiento de estas zonas, promoviendo actividades culturales y recreativas nocturnas que cambien su dinámica.
- Atención a Menores: Es inaceptable que niños y adolescentes estén delinquiendo en nuestras calles. Esto requiere un trabajo interinstitucional profundo para protegerlos y reinsertarse en la sociedad.
- Diálogo y Conciencia Ciudadana: Como sociedad, debemos dejar la indiferencia. Necesitamos hablar de estos temas, exigir a nuestros gobernantes acciones concretas y contribuir, desde nuestro propio entorno, a generar un cambio cultural de respeto y tolerancia.
La Calle 15 de Ibagué es un termómetro de nuestra sociedad. Lo que allí ocurre, noche tras noche, es una señal de alarma que no podemos seguir silenciando. Es tiempo de que Ibagué, y Colombia, mire de frente esta cruda realidad y actúe con la contundencia y la humanidad que demanda. La dignidad de nuestros ciudadanos, sin importar su condición, es un valor innegociable. Es un llamado a la acción para todos.
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