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La historia de los 20 niños que dejaron por fuera del colegio, por llegar tarde

La historia de los 20 niños que dejaron por fuera del colegio, por llegar tarde

Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en agosto 26, 2026

Por Michael Steven Mejía Ospina

Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.

 

¿Educar cerrando la puerta?

 

En la Institución Educativa Sagrada Familia del Jordán, en Ibagué, ocurrió algo que merece toda nuestra atención: más de 20 estudiantes se quedaron fuera del plantel por llegar tarde. Y no solo eso: según denuncian los padres, una funcionaria les cerró la puerta en la cara, con malos modos, diciendo que era "una forma de educarlos". Para completar, les dijeron que solo entrarían si venían acompañados por un adulto — y los padres estaban trabajando. Resultado: los menores regresaron solos a sus casas, expuestos a todo riesgo.

 

La puntualidad No se enseña abandonando a los menores

 

Es cierto: la puntualidad es un valor que debe fomentarse. Las normas existen para cumplirse. Pero ninguna norma justifica poner en peligro la vida y la seguridad de un estudiante. Devolver a niños y jóvenes a su hogar, solos, en horas de la mañana, sin avisar a nadie, sin verificar que alguien los reciba, no es educación: es negligencia. Es poner en riesgo lo más valioso que tenemos.

 

¿Qué hubiera pasado si algo les ocurría en el camino? ¿Quién asume la responsabilidad? La institución educativa tiene el deber de proteger al menor mientras está bajo su cuidado. Y ese deber no se apaga porque el estudiante llegó unos minutos tarde. Al contrario: cuando un estudiante llega tarde, lo que corresponde es recibirlo, registrar la falta, informar al acudiente oportunamente, y aplicar correctivos pedagógicos. NUNCA devolverlo a la calle sin acompañamiento ni seguridad.

 

También hubo falta de comunicación

 

Los padres explican que hubo un cambio de horario comunicado en una circular que muchos no alcanzaron a ver. Esto también debe revisarse. Si se modifica la jornada escolar, la información debe llegar a todas las familias de manera efectiva. No puede ser que el desconocimiento de un aviso termine perjudicando a los estudiantes. La comunicación debe ser clara, oportuna y confirmada.

 

¿Educar o castigar?

 

Lo más delicado de todo fue la actitud de la funcionaria en la puerta: grosería, desprecio, la idea de que "cerrando la puerta se corrige". Eso no educa: humilla. No enseña responsabilidad: enseña abandono. La autoridad se ejerce con respeto, con firmeza, sí, pero también con sensibilidad. Los estudiantes merecen ser tratados con dignidad, así hayan llegado tarde. Y los padres merecen ser informados, no ignorados.

 

Lo qué debe ocurrir ahora

 

Los acudientes han hecho bien en elevar su voz. Han pedido a la Alcaldesa de Ibagué y a la Secretaría de Educación que revisen lo ocurrido, definan protocolos claros y garanticen la seguridad de los estudiantes. Es justo lo que debe hacerse:

 

-Establecer qué hacer cuando un estudiante llega tarde — nunca devolverlo solo a casa.

-Mejorar la comunicación de cambios de horario para que ninguna familia quede sin saber.

-Garantizar que ningún menor quede desamparado por una falta administrativa.

 

Conclusión

 

La educación se construye con ejemplo, con diálogo, con firmeza pero también con protección. Cerrar la puerta en la cara a un estudiante no le enseña puntualidad: le enseña que cuando se equivoca, lo abandonan. Y eso no es lo que queremos enseñar.

 

Que las autoridades educativas de Ibagué escuchen a estos padres. Que se revisen los protocolos. Que se corrija lo que estuvo mal. Porque la seguridad y la dignidad de los estudiantes están por encima de cualquier regla de puntualidad. Eso es lo primero. Y olvidarlo, es olvidar para qué existe la escuela.

 

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