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Nuevo rector de la UT, premió a directivo denunciado por malas prácticas

Nuevo rector de la UT, premió a directivo denunciado por malas prácticas

Foto: Director del Programa de Ciencia Política, Cristhian Camilo Martínez, y el nuevo rector de la Universidad del Tolima Jhon Jairo Méndez Arteaga. cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en septiembre 16, 2026

Estudiantes del programa de Ciencias Políticas de la Universidad del Tolima, tuvieron la valentía de denunciar públicamente malas prácticas ejercidas por el director de esa área Christian Camilo Martínez, quien al mismo tiempo es el director de la MOE en este departamento, y el nuevo rector de el Alma Mater, analiza lo que está pasando con el señalado, tomó la determinación de nombrarlo en un mejor cargo. Lo que mal comienza, mal termina, señala el adagio popular.

 

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Por: Editor Local. cambioin.com

 

La silla del programa de ciencia Política: entre la academia y las sombras del poder mafioso

 

En política hay movimientos que parecen administrativos, pero que terminan revelando mucho más de lo que dicen los documentos oficiales.

 

En la Universidad del Tolima, la decisión de trasladar al entonces director del Programa de Ciencia Política, Cristhian Camilo Martínez, a nuevas funciones dentro de la estructura administrativa abrió una discusión que la institución no puede cerrar con un simple acto administrativo.

 

Porque en las universidades públicas, especialmente en aquellas donde se forman futuros politólogos, las preguntas incómodas hacen parte del ejercicio democrático.

 

Y hoy hay varias preguntas sobre la mesa.

 

¿Qué motivó realmente este movimiento? ¿Fue una decisión estrictamente administrativa o responde a una crisis más profunda dentro del programa? ¿Quién asumirá ahora la dirección de Ciencia Política y bajo qué criterios será elegido?

 

La comunidad estudiantil ha expresado preocupaciones sobre posibles interferencias externas en la vida académica del programa. Algunos sectores han señalado inquietudes relacionadas con presuntas cercanías políticas y posibles intereses que podrían terminar influyendo en decisiones universitarias.

 

No son condenas. No son sentencias judiciales. Son cuestionamientos que una universidad seria debe permitir discutir, investigar y responder.

 

Porque el problema no es que existan personas con posiciones políticas. En una democracia eso es normal. El problema aparece cuando una institución educativa empieza a confundirse con un escenario de cuotas, favores o cálculos electorales.

 

Y ahí está la línea que nadie debería cruzar.

 

La Universidad del Tolima no puede convertirse en una extensión de los directorios políticos de turno.

 

La historia reciente de Colombia ha demostrado que cuando la política partidista entra sin controles suficientes a las instituciones públicas, termina debilitando aquello que debería proteger: la meritocracia, la independencia y la confianza ciudadana.

 

En los pasillos universitarios también circulan versiones, comentarios y preocupaciones sobre la manera como algunos sectores políticos podrían intentar tener influencia en espacios estratégicos. Entre esas versiones aparecen menciones a supuestas cercanías con sectores identificados públicamente con el nuevo rector.

 

Pero precisamente porque son asuntos delicados, no basta con rumores.

 

La salida no es negar las preguntas. La salida es abrir la información.

 

Que se conozcan los criterios de selección. Que se expliquen los procesos. Que la comunidad universitaria pueda verificar que las decisiones obedecen a méritos académicos y no a intereses externos.

 

Porque cuando una institución no explica, otros llenan el vacío.

 

Y en política, los vacíos siempre terminan ocupándolos las sospechas.

 

También ha generado debate la discusión alrededor del papel que pueden jugar los liderazgos estudiantiles en tiempos donde se acercan procesos electorales universitarios. Algunos sectores han advertido sobre la necesidad de revisar con lupa cualquier escenario donde información institucional, estructuras administrativas o relaciones de poder puedan terminar influyendo en preferencias electorales.

 

La democracia universitaria no puede convertirse en una operación de maquinaria.

 

El voto de los estudiantes no puede ser tratado como una cifra disponible para quien tenga mayor capacidad de presión, influencia o acceso a información privilegiada.

 

Porque si algo debería enseñar Ciencia Política es precisamente esto: el poder necesita controles.

 

El poder necesita vigilancia.

 

El poder necesita ciudadanos capaces de preguntar.

 

Resultaría paradójico que un programa dedicado al estudio de la democracia terminara siendo escenario de prácticas que recuerdan las viejas formas de hacer política: decisiones cerradas, acuerdos entre pocos y comunidades enterándose cuando todo ya está decidido.

 

La Universidad del Tolima tiene una oportunidad histórica.

 

Puede demostrar que sus decisiones académicas se toman con independencia.

 

Puede demostrar que una dirección de programa no se entrega como premio político, recompensa administrativa o cuota de grupo.

 

Puede demostrar que la universidad pública todavía pertenece a la comunidad universitaria y no a quienes buscan convertirla en plataforma de influencia.

 

La nueva dirección de Ciencia Política debe responder a una lógica sencilla: conocimiento, trayectoria académica, diálogo con estudiantes y autonomía.

 

No puede ser una ficha más en el tablero de nadie.

 

Porque una universidad no se debilita porque sus estudiantes cuestionen.

 

Se debilita cuando los estudiantes sienten que preguntar tiene consecuencias.

 

La silla de Ciencia Política no es una silla cualquiera.

 

Es la silla desde donde se forman quienes mañana analizarán el poder, investigarán las instituciones y estudiarán la democracia.

 

Por eso esa silla no puede quedar atrapada entre intereses políticos, rumores de pasillo y cálculos electorales.

 

La administración del rector Jhon Jairo Méndez tiene ahora una responsabilidad enorme: demostrar que la Universidad del Tolima no cambia nombres para mantener las mismas prácticas.

 

Porque mover una pieza del tablero no significa cambiar el juego.

 

Y en una universidad donde se enseña política, todos saben que lo importante no es solamente quién ocupa la silla.

 

Lo importante es quién puso la silla ahí, para qué la puso y a quién termina sirviendo.

 

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