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Petro y Westcol. El presidente y el influencer

Petro y Westcol. El presidente y el influencer

Foto:Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. columnista invitado cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en marzo 29, 2026

Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.
 

Imagine a un sujeto con millones de seguidores pronunciando esto, como método, técnica y fuente de ingresos: “Si le gusta tanto que le den por el c#l0, le hago otros 17 huecos… lo fulmino a b4l4z0s”; “Si mi hijo me sale trans… meterle un palo por el c#l0 pa’ que vea que eso no es bueno”; “Me gustaría una novia cajera para poder humillarla, que nunca me deje porque le mantengo a la mamá”. ¿Qué pensaría usted?

 

Ese sujeto es Westcol el mismo que la Corte Constitucional señaló que sus contenidos incitaban a la violencia y ordenó medidas pedagógicas en derechos humanos, a las que entró en desacato. Periodistas que lo han cuestionado públicamente han sido blanco de amenazas provenientes de su propia audiencia digital. Aun así, el 26 de marzo de 2026, el presidente Gustavo Petro le abrió las puertas del Palacio de Nariño, lo recibió con un recorrido por los símbolos del Estado y lo sentó, ante millones de espectadores, como interlocutor válido de la República.

 

La escena se definió por una inversión de los roles en el control simbólico. El presidente argumentó mientras Westcol interrumpió. El presidente explicó mientras Westcol simplificada. El presidente desarrolló ideas complejas mientras su interlocutor repetía “eso no es así, presidente”, sin datos ni contexto, y aun así obtenía validación inmediata. La economía del clip privilegia la reacción breve sobre la explicación sostenida, la atención se concentra en la actitud y desplaza la precisión. La confusión del  Influencer entre la Cámara de Representantes y la cámara de comercio se integró a la conversación sin consecuencias, como un detalle irrelevante dentro del flujo del espectáculo.

 

El encuentro funcionó como una transacción, Petro buscó audiencia joven y visibilidad en un entorno digital masivo, Westcol evaluó el rendimiento de la deferencia al poder frente a su estilo habitual de confrontación, el resultado fue el reconocimiento institucional del streaming como espacio válido de deliberación política, la presencia del presidente trasladó capital simbólico del Estado a una plataforma regida por lógicas de entretenimiento.

 

La decisión de abrirle las puertas del Palacio de Nariño a Westcol produjo además  un efecto adicional que trasciende lo comunicativo, el presidente lo reconoció como un sujeto de poder simbólico, capaz de ejercer liderazgo cultural sobre amplios sectores de la población juvenil. No se trata únicamente de audiencia, sino de influencia sobre formas de ver el mundo, de nombrarlo y de reaccionar frente a él. Los streaming de Westcol son un espacio donde circula una ideología basada en la agresividad como lenguaje, el machismo como norma, la xenofobia como reacción, la ignorancia como posición y la discriminación como práctica cotidiana. Al validarlo como interlocutor, el Estado no solo amplifica su voz, contribuyó a legitimar ese marco cultural como parte del debate público.

 

La contradicción ideológica se hizo evidente en los hechos, Gustavo Petro ha defendido los derechos de las mujeres, de las comunidades LGBTIQ+ y de las víctimas de la violencia mediante un discurso estructural que requiere explicación y contexto, Westcol representa contenidos ampliamente cuestionados por su carga discriminatoria, la simplificación extrema y la violencia como espectáculo. La decisión de sentarlo como interlocutor válido introduce una tensión directa entre el discurso político y el escenario elegido para comunicarlo.

 

En Colombia existen periodistas, humoristas y creadores digitales que han construido audiencias con rigor, investigación y responsabilidad, que han logrado traducir la complejidad sin degradarla, sin recurrir al insulto con millones de jóvenes siguiéndoles, pero el presidente optó por un interlocutor que privilegia la reacción sobre los argumentos, un hombre, abiertamente homofóbico, racista, machista, agresivo y violento.

 

El episodio responde a una lógica comunicativa basada en la simplificación extrema. La teoría de la propaganda ha descrito ampliamente este mecanismo, la reducción del mensaje, repetición constante, apelación emocional y desplazamiento de la verificación por la percepción, en ese entorno, las frases breves adquieren mayor circulación que los argumentos complejos, y la intensidad emocional desplaza la elaboración racional.

 

El discurso político que requiere tiempo, contexto y densidad pierde eficacia en ese formato, entonces la conversación pública se reorganiza alrededor de estímulos rápidos, respuestas inmediatas y confrontaciones simplificadas, La intervención del presidente en ese escenario refuerza ese modelo y lo legitima como espacio político.

 

El impacto central se ubica en el plano simbólico, pues la discusión dejó de girar en torno a los contenidos de política pública y se trasladó hacia la dinámica del enfrentamiento, los  fragmentos que circularon masivamente consolidaron la imagen de confrontación directa como valor en sí mismo, la interrupción operó como sustituto de la refutación y la percepción de firmeza reemplazó la necesidad de argumentación.

 

Las implicaciones del hecho no tardaron en proyectarse hacia el escenario político, Westcol anunció un espacio similar con Álvaro Uribe Vélez en un contexto preelectoral, la validación previa del formato y del intermediario por parte del Presidente, facilita su utilización por otros actores políticos. El streaming se consolida así como un espacio legítimo de disputa simbólica con reglas distintas a las del debate tradicional.

 

Gustavo Petro ha trabajado durante años sobre la importancia del control del espacio simbólico, en línea con los planteamientos de Antonio Gramsci y Pierre Bourdieu. Sin embargo, en política, como en comunicación, el medio no es un simple vehículo, el medio define el mensaje. La entrada en un formato dominado por la lógica del clip, la simplificación y la reacción inmediata configura el sentido mismo de lo que se dice, el contenido del discurso deja de operar en sus propios términos y queda subordinado a las reglas del entorno que lo contiene.

 

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