Foto: Iglesia de Aguadas Caldas, donde sucedió todo. cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en septiembre 26, 2026
Un hombre que fue abusado cuando era un niño, por parte de un sacerdote, arrancó una batalla legal sin precedentes para hacerle pagar al responsable de su tragedia. Efectivamente muchos años después logró su cometido. Hoy relata su historia con la idea, que no se vuelva a repetir con otros menores.
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Por: Denuncia Ciudadana . cambioin.com
Este es el mensaje completo, cambioin.com el portal de las noticias lo transcribe en su totalidad:
Iglesia Inmaculada Concepción en Aguadas Caldas
Carta abierta al pueblo Aguadeño y Caldense
La verdad duele, decían los abuelos, y la verdad los hará libres, decía Jesús de Nazaret (Juan 8:32).
Después de muchos años de brega en la batalla, de paciencia, de oración y de resistencia, la lucha por la verdad ha comenzado a dar fruto.
Hoy debo comunicar públicamente a Aguadas y a Caldas que Jairo Salazar Gómez, quien hace varios años estuvo como párroco de la Inmaculada Concepción en Aguadas y también ejerció su ministerio en otros municipios de Caldas y en Bogotá, ha sido dimitido del estado clerical, después de un largo proceso administrativo penal adelantado por la autoridad eclesiástica competente.
Después de valorar las pruebas, declaraciones, prueba pericial, inspección del lugar y demás elementos del proceso, la autoridad eclesiástica declaró probado, en el fuero canónico, que Jairo Salazar Gómez había cometido un delito contra un menor de edad. En consecuencia, impuso la pena de dimisión del estado clerical, conforme a los cánones 290-293 del Código de Derecho Canónico.
Tengo en mi poder copia del Decreto No. 850 del 25 de marzo de 2026, firmado y sellado por el Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia. Comparto con esta carta el encabezado y la parte resolutiva del decreto, para que cualquier persona pueda conocer directamente la decisión adoptada por la autoridad eclesiástica.
No escribo esto para alimentar el odio ni para buscar venganza, sino para recordar a los sacerdotes y, en general, a todos los adultos, que vulnerar la dignidad y el cuerpo de un niño es un delito, y que los niños crecemos para decir la verdad.
Quiero hacer también un homenaje a mis profesores. Ellos me salvaron la vida. Gracias a ellos, hoy la verdad sigue viva. Me enseñaron a leer y a escribir; también me enseñaron mis derechos y fortalecieron mi capacidad para luchar y defender la verdad, la libertad y la vida. Me enseñaron a no callar.
¡Gracias, profes!
No me mueve el odio, sino el perdón. Pero perdonar no significa olvidar ni callar, y la misericordia no puede convertirse en una excusa para la impunidad. Cada uno debe asumir las consecuencias de sus actos.
Mi corazón no guarda rencor, pero sigue firme con la verdad.
Esto también es un llamado a las autoridades civiles para que, frente a los hechos, se establezcan las responsabilidades a que haya lugar.
Hoy quiero enviar un mensaje de solidaridad, afecto y cercanía a todas aquellas personas que han sido víctimas de abuso y que todavía viven sus consecuencias en silencio, con miedo o con vergüenza.
Ojalá esta decisión y esta lucha puedan convertirse en un mensaje de esperanza para quienes todavía no se atreven a hablar. Que sirvan para recordar que denunciar, buscar ayuda y exigir justicia puede abrir un camino hacia la verdad, la reparación y, sobre todo, la no repetición.
Que ningún niño aguadeño sea abusado nunca más.
A los padres de familia les digo: cuidemos a nuestros hijos. Escuchemoslos. Creamos en ellos. Enseñémosles que ningún adulto, por importante, respetado o poderoso que sea, tiene derecho a vulnerar su dignidad o su cuerpo.
Hoy, después de tantos años, puedo decir que la verdad ha encontrado un lugar donde ser escuchada.
Y si esta historia sirve para que un niño hable, para que un padre escuche, para que un profesor pueda detectar una señal de alerta, para que una víctima deje de sentirse culpable o para que alguien encuentre el valor de pedir ayuda, entonces todo este camino habrá tenido también un propósito.
Que la fuerza de Jesús resucitado, que ha vencido la muerte, nos siga acompañando en este trasegar de la vida, y que la Virgen de Chiquinquirá, abogada nuestra, cuide nuestros pasos y nos permita seguir avanzando por el camino de la vida con la verdad.
Con afecto y respeto,
JPSG
Aguadeño
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