Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en abril 26, 2026
Por: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, Defensor de Derechos Humanos, representante de las personas con discapacidad, personas vulnerables y de todos los colombianos. Columnista invitado cambioin.com
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Hoy, el departamento del Cauca ha vuelto a teñirse de sangre y zozobra. La noticia de varios atentados, y la imagen dantesca de la vía Panamericana en Cajibío convertida en escenario de guerra por la explosión de una bomba, es una bofetada a la conciencia nacional. Siete vidas arrebatadas y veinte heridos son la cifra extraoficial de la barbarie, un número frío que oculta el dolor, el miedo y la desesperanza de familias enteras. Las "chivas", símbolos de nuestra ruralidad y de la tenacidad de nuestra gente, ahora son testigos mudos de una violencia que creíamos superada, perpetrada, al parecer, por disidencias de las FARC que siguen sembrando terror.
Esta situación no es un hecho aislado, es la crónica de una herida abierta que se niega a cicatrizar. Es el recordatorio de que la paz, si bien anhelada y necesaria, sigue siendo una quimera para muchas regiones de nuestro país. Los habitantes del Cauca están atemorizados, y con justa razón. ¿Hasta cuándo tendremos que ver a nuestros compatriotas vivir bajo la sombra constante del miedo, la extorsión y la muerte?
Presidente Gustavo Petro Urrego, Ministro de Defensa, esta es una hora de definiciones. No es momento para paños tibios ni para discursos vacíos. El Cauca los necesita, Colombia los exige. La seguridad no puede ser un privilegio para algunos y una utopía para otros. Es un derecho fundamental que el Estado tiene la obligación ineludible de garantizar.
Necesitamos acciones contundentes. No basta con lamentar los hechos o con prometer investigaciones. Se requiere una estrategia integral y robusta que desmantele de una vez por todas estas estructuras criminales, que proteja a la población civil y que demuestre con hechos que la vida de cada colombiano vale. La militarización por sí sola no es suficiente; debe ir acompañada de inversión social, presencia estatal integral, oportunidades y justicia.
El grito de auxilio de quienes grabaron con sus celulares la apocalíptica escena en Cajibío, rogando por ambulancias, es el grito de un país que pide soluciones. Es hora de que el gobierno nacional asuma con vehemencia que la situación amerita el control territorial que se ha perdido en estas zonas. Es hora de que el Estado demuestre su fuerza no solo en la reacción, sino en la prevención y en la protección constante de sus ciudadanos.
La paz no puede construirse sobre los cimientos de la sangre y el temor. Colombia merece vivir en tranquilidad, y el gobierno tiene la responsabilidad histórica de hacer que esa promesa se cumpla para cada rincón de nuestra nación. El Cauca los está observando, esperando. La hora es ahora.
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