Foto:Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. columnista invitado cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en marzo 07, 2026
Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. Columnista invitado cambioin.com
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PARTE 2: Análisis geopolítico de la guerra de Irán y EU
Mientras la doctrina maduraba en Washington y las tensiones se acumulaban en el Golfo Pérsico, algo ocurría en paralelo dentro de los propios Estados Unidos que los arquitectos de la guerra prefieren ignorar o trataban de ocultar. La sociedad norteamericana se movía, en 2025, las manifestaciones en el país aumentaron aproximadamente 77% por ciento respecto al año anterior, alcanzando el nivel más alto desde las movilizaciones de Black Lives Matter en 2020. La investigadora Erica Chenoweth, de la Kennedy School de Harvard, documentó que las protestas contra la administración Trump resultaron notablemente grandes, persistentes y más diversas geográficamente que las del primer mandato, llegando a condados que en noviembre de 2024 habían votado por el propio presidente, el 5 de abril de 2025, las manifestaciones denominadas Hands Off reunieron más de 100 mil personas en Washington y millones en todo el país, articulando una coalición de más de 150 organizaciones, el 14 de junio, las protestas No Kings eclipsaron el desfile militar que Trump ordenó para celebrar su cumpleaños número 79.
El 18 de octubre, una segunda edición de No Kings movilizó entre 5 y 6.5 de personas, la mayor jornada de protesta de un solo día en la historia de los Estados Unidos. La política migratoria fue el detonante más constante, la muerte de Renée Good, ciudadana estadounidense abatida por un agente del ICE el 7 de enero de 2026, desencadenó protestas en múltiples ciudades, y 50 mil manifestantes marcharon en Minneapolis exigiendo el cese de las operaciones de deportación masiva.
La erosión no era solo callejera. A comienzos de marzo de 2026, la aprobación presidencial había caído 8 puntos hasta situarse en 42.4%, con una desaprobación del 54.9% Los grupos que en 2024 habían impulsado a Trump al poder como los hispanos, jóvenes adultos, independientes, lideraban ese alejamiento. En el voto genérico al Congreso, los demócratas acumulaban una ventaja de 8 puntos. Fox News registraba que el 52% de los votantes apoyaría al candidato demócrata en su distrito. El análisis de Brookings Institution era concluyente de los 21 escaños republicanos ganados en 2024 con márgenes inferiores a 8 puntos, la reconfiguración del mapa electoral los ponía en riesgo directo en noviembre. El nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani,el primer alcalde musulmán y asiático-americano de la ciudad más grande del país, investido el primero de enero de 2026, encarnaba en términos simbólicos la antítesis del proyecto Trump, un presidente que llega a la guerra y lo hace huyendo hacia adelante.
Y sobre todo esto pesaba, como una sombra los archivos desclasificados que se iban haciendo cada vez más visibles, el expediente Epstein. En diciembre de 2025 comenzaron a publicarse los tres millones de documentos del caso Jeffrey Epstein, el mayor operador conocido de redes de tráfico sexual de menores del siglo XXI. El nombre de Donald Trump aparece en esos archivos más de mil veces. Investigaciones de NPR publicadas el cinco de marzo de 2026 revelaron que el Departamento de Justicia había retirado o retenido archivos relacionados con acusaciones de abuso sexual que mencionan al presidente, incluyendo lo que parecen ser más de 50 páginas de entrevistas del FBI. La portavoz de la Casa Blanca afirmó que Trump había sido totalmente exonerado y que las acusaciones eran completamente infundadas. Las autoridades norteamericanas nunca han acusado formalmente al presidente de delito alguno relacionado con Epstein.
Lo que los archivos sí establecen es la pertenencia de Trump a los círculos sociales de quien construyó la red de explotación sexual de menores más documentada del siglo. La pregunta que ese expediente lanza no requiere que las acusaciones sean probadas para tener peso político, la sola oscuridad que entorpece el proceso y hace que los archivos mantienen retenidos configuran un estándar de conducta que desdice el derecho a alzarse como árbitro moral del mundo.
Los archivos tienen también una dimensión latinoamericana. El nombre del expresidente colombiano Andrés Pastrana aparece en decenas de documentos, en registros de vuelo compartidos con colaboradores directos de Epstein y en el testimonio de Ghislaine Maxwell, condenada en 2021 a veinte años de prisión por tráfico sexual de menores, quien confirmó viajes conjuntos a Colombia y Cuba. Pastrana ha negado cualquier vinculación con actividades ilícitas. La Defensoría del Pueblo de Colombia respaldó el llamado de 109 mujeres que exigen explicaciones, y la Fiscalía trasladó a la Dirección de Asuntos Internacionales un derecho de petición solicitando verificación institucional.
Es en ese contexto interno, un presidente con la aprobación cayendo, una sociedad movilizándose en las calles, archivos judiciales ardiendo bajo los pies de su administración y unas elecciones de mitad de mandato que en noviembre de 2026 podrían arrebatarle el Congreso, es que hay que leer la decisión de ir a la guerra y en es en ese mismo contexto que hay que evaluar sus resultados.
La respuesta iraní fue el primer correctivo serio a la tesis de la superioridad militar absoluta. El Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica atacó al menos 27 bases militares estadounidenses en siete países Kuwait, Bahréin, Qatar, Irak, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, radares de largo alcance, pistas de aterrizaje, depósitos de combustible y aeronaves de alto valor sufrieron daños de gran magnitud. 6 soldados estadounidenses murieron y al menos 18 resultaron heridos.
El Domo de Hierro israelí, presentado durante años como el sistema de defensa más avanzado del planeta, fue saturado por la masa de proyectiles iraníes. Tel Aviv registró daños en al menos 40 edificios, el precio del petróleo subió más del 8% en una sola noche. El Estrecho de Ormuz fue cerrado al tráfico comercial. El costo de la operación escaló en decenas de miles de millones de dólares por semana, un estudio citado por Al Jazeera calculó que en las primeras 100 horas de la campaña se gastaron unos 3.700 millones de dólares y más de 2000 municiones guiadas e interceptores. Cuando el adversario opera por saturación numérica en lugar de precisión tecnológica, incluso el sistema de defensa más costoso del mundo muestra sus fisuras.
Luego llegó el acto que Washington había concebido como el golpe definitivo, el asesinato del Líder Supremo Ali Jamenei, quien ejercía ese cargo desde 1989, fue presentado como el punto de quiebre que precipitaría el colapso del estado islámico, no ocurrió, Jamenei no era un presidente, era el jefe de Estado permanente, comandante en jefe de todas las fuerzas armadas, árbitro final de la política exterior, supervisor del poder judicial y custodio de la identidad revolucionaria del Estado. El CSIS y el Washington Institute for Near East Policy lo advirtieron de inmediato, eliminar al Ayatolá no equivale a un cambio de régimen porque el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica es el régimen. Hassan Ahmadian, profesor de la Universidad de Teherán, ofreció la lectura más esclarecedora, Irán había aprendido una dura lección, la moderación se interpreta como debilidad, la era de la paciencia estratégica había muerto con el Líder Supremo, y si era atacado, Irán lo quemaría todo.
Un consejo tripartito de emergencia tomó las riendas provisionales, el CGRI, más cohesionado que nunca ante la amenaza exterior, presionó por una sucesión de línea dura, la figura religiosa que también actuaba como freno sobre los sectores más radicales había desaparecido. La revolución iraní sobrevivió transformada, más militarizada, sin contrapeso moderador, con un nuevo liderazgo cuya legitimidad descansaba sobre la promesa de venganza y resistencia. Washington entregó a Teherán, en las primeras jornadas del conflicto, exactamente el argumento que cohesionan a su población y radicalizar su respuesta.
Europa reaccionó de manera fracturada. Francia, Alemania y el Reino Unido, que en las semanas previas habían llamado a una solución diplomática, terminaron prestando sus bases y su espacio aéreo a las operaciones de la coalición. La excepción fue España. El presidente Pedro Sánchez negó el uso de las bases conjuntas de Rota y Morón,instalaciones que permanecen bajo soberanía española para cualquier misión no amparada por la Carta de la ONU y resumió la posición de su gobierno en cuatro palabras: No a la guerra. En una alocución televisada desde La Moncloa el 4 de marzo, trazó un paralelo directo con Irak en 2003, 23 años atrás, otra administración arrastró al mundo a una guerra en Oriente Medio que desencadenó la mayor ola de inseguridad que sufrió el continente desde la caída del Muro de Berlín.
La respuesta de Trump llegó al día siguiente en una rueda de prensa junto al canciller alemán Friedrich Merz, España había sido terrible, cortaría todo el comercio con España. La ex canciller Arancha González, decana de Sciences Po París, señaló la paradoja desde CNBC, sería una insensatez imponer un embargo comercial a un país con el que Washington mantiene un superávit de 4800 millones de dólares. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, expresó plena solidaridad con Madrid. La amenaza resultó, una vez más, presión coercitiva antes que política viable.
Lo que emerge de esta acumulación de hechos no es un conjunto de improvisaciones es una doctrina en acción, y esa doctrina ha producido, en apenas 8 días de guerra, resultados que ningún estratega de la operación humana o no humano, habría firmado en su planificación. Irán no ha colapsado, sus ciudades de misiles subterráneas, estimadas por el CSIS y el IISS como capaces de reponer cientos de proyectiles por mes, siguen activas. Las bases militares estadounidenses han sido golpeadas en 7 países. El Estrecho de Ormuz está cerrado, el precio del petróleo cotiza al alza. Israel ha visto derrumbarse su imagen de invulnerabilidad, Trump administra ahora una guerra de desgaste cuyo costo humano, financiero y reputacional crece por semana sin que ningún objetivo estratégico declarado esté a la vista de ser cumplido, ni el fin del programa nuclear, ni el cambio de régimen, ni la sumisión iraní.
Mientras Washington descubre que bombardear es fácil, pero sostener una guerra es carísimo, Pekín constata que el imperio que lo cercaban con bases también depende de sus minerales y de su demanda energética para seguir combatiendo. China ha contenido la avanzada norteamericana sin disparar un solo misil, regulando precios, llenando depósitos, firmando acuerdos de largo plazo y presentándose ante el sur global como la potencia que construye mientras la otra destruye. Irán ha encontrado en su respuesta la forma de extender el conflicto, desgastar financieramente a su atacante y convertir cada semana de guerra en un argumento adicional para que el mundo repiense la conveniencia de alinearse con Washington.
Y en ese desgaste acumulado, en esa fractura entre la voluntad de dominio y la capacidad real de sostenerlo, reside la pregunta más grave que esta guerra ha abierto, una potencia en declive relativo, con sus arsenales vaciándose a un costo que excede su capacidad de reposición inmediata, con sus cadenas de suministro de minerales críticos en manos del rival estratégico que pretende contener, con su sociedad movilizada en la mayor ola de protestas de su historia reciente, con archivos judiciales que arden bajo los pies de su presidente y con unas elecciones de mitad de mandato que en noviembre de 2026 podrían arrebatarle el Congreso, esa potencia no está en posición de calcular con frialdad los límites de su propia escalada. Irán, por su parte, tiene ahora un liderazgo cuya única fuente de legitimidad descansa sobre la promesa de que esta vez no habrá moderación sino venganza.
El mundo que emerge de estas semanas no es más seguro. Es el mundo en que la soberanía de los más débiles vale exactamente lo que la potencia más fuerte decida que vale, pero en el que esa potencia descubre, demasiado tarde, que el precio de esa decisión lo pagan también sus propios soldados, sus propias finanzas y su propia credibilidad. La historia no ofrece garantías de que los imperios en declive sepan retirarse a tiempo y sobre esa verdad elemental flota, sin que nadie la nombre, pero sin que nadie la descarte, la pregunta que convierte esta guerra en la más peligrosa desde la Crisis de los Misiles de 1962, qué ocurre cuando una guerra de desgaste entre una potencia que no puede ganar y un adversario que no puede rendirse alcanza el umbral en que los arsenales nucleares dejan de ser disuasión y empiezan a ser tentación.
Referencias
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Harvard Kennedy School. (2025). Chenoweth, E. Patterns of civil resistance and protest mobilization in the United States. Harvard University.
IISS. (2026). Missile arsenals and military capabilities in the Middle East. International Institute for Strategic Studies.
La Moncloa. (2026, 4 de marzo). Declaración del presidente del Gobierno sobre la crisis en Oriente Medio. Gobierno de España.
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El País. (2026). España rechaza participar en operaciones militares contra Irán. El País.
El Espectador. (2026). Reacciones en Colombia ante las menciones en archivos Epstein. El Espectador.
La Silla Vacía. (2026). Debate político en Colombia sobre el caso Epstein y sus implicaciones. La Silla Vacía.
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