Foto: Michael Steven Mejía Ospina, experto en Gestión comercial y de negocios de la UNAD, y Defensor de derechos humanos. Columnista invitado cambioin.com
Por: Editora melissa guzman - Publicado en abril 29, 2026
Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado cambioin.com
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En un mundo cada vez más urbanizado y a menudo desconectado de sus raíces, eventos como la "Segunda Carrera Atlética en Botas de Caucho 'Ponte en las Botas del Campesino" en Ibagué brillan con un significado profundo y necesario. Más allá de la competencia atlética, esta iniciativa, liderada por Alerta Tolima y la Alcaldía de Ibagué, se erige como un vibrante homenaje al incansable espíritu de nuestros campesinos, esos guardianes silenciosos que, con sus manos y su sudor, nutren nuestra tierra y nuestras mesas. Desde la perspectiva de los derechos humanos y la legislación vigente, este tipo de acciones adquieren una relevancia aún mayor, al recordar la importancia de proteger y promover el bienestar de la población rural.
La primera edición de esta carrera fue un rotundo éxito, y su regreso es una prueba irrefutable de la resonancia que un mensaje de reconocimiento y gratitud puede tener en la comunidad. La idea es sencilla pero poderosa: calzarse unas botas de caucho y recorrer un trayecto simbólico, una vivencia que, por un breve lapso, nos permite acercarnos a la realidad cotidiana de quienes labran el campo. Es un gesto de empatía, una invitación a caminar (y correr) en los zapatos (o, más bien, las botas) de aquellos cuya labor a menudo se da por sentada. Este ejercicio de sensibilización se alinea con el Artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece el derecho a un nivel de vida adecuado que asegure, entre otras cosas, la alimentación. La labor campesina es fundamental para garantizar este derecho a toda la población.
Los organizadores han sido claros en su visión: esta no es solo una carrera deportiva. Es un espacio de encuentro, de reflexión y de valoración. Es una oportunidad para que la sociedad ibaguereña y tolimense reconozca la monumental contribución de los campesinos, no solo en la producción de alimentos, sino en la preservación de nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra identidad rural. Es un recordatorio de que detrás de cada plato de comida hay una historia de esfuerzo, dedicación y un vínculo inquebrantable con la tierra. En Colombia, la Constitución Política de 1991, en su Artículo 64, establece el deber del Estado de promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra para los trabajadores agrarios, así como la promoción de programas de desarrollo rural integral, asistencia técnica, créditos y servicios de comercialización, entre otros, para mejorar su calidad de vida. Este evento, aunque simbólico, contribuye a visibilizar la necesidad de cumplir con estos mandatos constitucionales.
El incentivo de entregar botas de caucho a los primeros 1.000 inscritos es un detalle que va más allá de lo logístico. Es un símbolo de bienvenida a esa experiencia, una herramienta que facilita la inmersión en la jornada y que, al mismo tiempo, rinde un pequeño tributo a ese elemento tan característico del atuendo campesino. Este tipo de acciones de inclusión y reconocimiento, aunque a pequeña escala, refuerzan el principio de igualdad y no discriminación, consagrado en instrumentos internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
La convocatoria está abierta a toda la comunidad, y esa amplitud es precisamente lo que le otorga su fuerza. Combina deporte, una actividad que une y genera bienestar; cultura, al honrar una parte fundamental de nuestro patrimonio; y un profundo sentido social, al poner en el centro de atención a un sector que merece todo nuestro respeto y apoyo. La Ley 160 de 1994 y sus decretos reglamentarios, aunque enfocados en la reforma agraria y el desarrollo rural, también resaltan la importancia de la población campesina para el desarrollo social y económico del país. Eventos como este, generan un espacio de diálogo y visibilidad para la implementación de políticas públicas que beneficien a este sector.
En un momento en que la sostenibilidad y la seguridad alimentaria son temas cruciales, eventos como "Ponte en las Botas del Campesino" nos recuerdan la importancia vital de nuestro sector rural. Nos invita a mirar más allá de las etiquetas de los productos y a conectar con las manos que los cultivan. Es una oportunidad para construir puentes entre lo urbano y lo rural, para fomentar una mayor comprensión y aprecio por el trabajo agrícola. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (UNDROP), adoptada en 2018, busca proteger específicamente los derechos de los campesinos, incluyendo su derecho a la tierra, a las semillas, a la biodiversidad, a un nivel de vida adecuado ya participar en las decisiones que les afectan. Este tipo de carreras contribuyen a crear conciencia sobre la existencia de estos derechos y la necesidad de su plena realización.
Al participar en esta carrera, no solo estaremos ejercitando o compitiendo; estaremos rindiendo un tributo, fortaleciendo un lazo y, en definitiva, construyendo una sociedad más consciente y agradecida. Es una carrera con propósito, una carrera que nos invita a ponernos, aunque sea por un día, en las botas de aquellos que sostienen la vida en el campo.
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