Foto: Andrés Rubio, director de la Agencia Nacional de Tierras en el Tolima. cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en mayo 07, 2026
La Agencia Nacional de Tierras (ANT) en el Tolima atraviesa una crisis que va más allá de lo administrativo; es una crisis de integridad. Lo que debería ser la punta de lanza de la justicia social y la reforma agraria en el departamento, se ha convertido, bajo la cuestionada dirección de Andrés Rubio, en un escenario de opacidad, descontento y denuncias que salpican la ética del servicio público.
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Por: Denuncia Ciudadana. cambioin.co
El espejismo de las hectáreas
Resulta inaceptable que la seccional Tolima intente capitalizar como propios resultados que no le pertenecen. La supuesta entrega de 27,000 hectáreas es, según fuentes internas y ciudadanas, un ejercicio de fraude intelectual. Estos títulos provienen de gestiones directas del nivel central en Bogotá (Subdirección de Seguridad Jurídica), pero Rubio los presenta como trofeos locales para sostener una máscara mediática y ocultar que la UGT Tolima, bajo su mando, está paralizada.
¿Reforma agraria o negocio particular?
Lo más alarmante, sin embargo, no es solo la falta de resultados, sino las constantes denuncias de las organizaciones sociales de base campesina. Estos grupos, que son la esencia del "Gobierno del Cambio", sugieren que el señor Rubio habría convertido la adjudicación de tierras en un negocio particular.
Esta acusación es demoledora: si la tierra no se entrega por derecho y justicia, sino bajo lógicas de transacciones oscuras, se está traicionando el corazón de la reforma agraria. Este comportamiento no solo es presuntamente delictivo, sino que le propina un golpe mortal a la confianza del campesinado tolimense en las instituciones del Estado.
Persecución y fractura política
A este oscuro panorama se suma un comportamiento déspota que ha destruido el clima laboral. Rubio no ha logrado homogeneizar un equipo de trabajo; por el contrario, ha instaurado un régimen de manipulación, presión y persecución. Este estilo de "liderazgo" basado en el miedo y el maltrato —con menciones incluso a presunto acoso— tuvo un costo político altísimo en los recientes procesos electorales del departamento. Su incapacidad para sumar y su talento para dividir convirtieron su gestión en un lastre que terminó por fracturar las bases sociales y condenar al fracaso las aspiraciones de los sectores que inicialmente le dieron su respaldo.
Un llamado urgente
El Tolima no necesita un coordinador que "brilla por su ausencia" y que solo aparece para entorpecer pagos de contratistas o para "negociar" con la esperanza del campesino. La permanencia de Andrés Rubio es un insulto a la eficiencia y a la transparencia. Si el Gobierno Nacional quiere salvar la reforma agraria en el Tolima, debe extirpar estas prácticas que huelen a vieja politiquería y corrupción, disfrazadas hoy con el ropaje del cambio.
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