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La doctrina y la guerra. Cómo Estados Unidos llegó al conflicto con Irán a través de la "Don-roe Doctrine"

La doctrina y la guerra. Cómo Estados Unidos llegó al conflicto con Irán a través de la "Don-roe Doctrine"

Foto:Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. columnista invitado cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en marzo 07, 2026

Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. Columnista invitado cambioin.com

 

Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.

 

PARTE 1:Análisis geopolítico de la guerra entre Irán y EU.

 

Hay guerras que se anuncian con mucho tiempo de anticipación, no a través de ultimátums ni de declaraciones formales de hostilidades, sino a través de la lógica lenta y acumulativa de un poder que comprende que su hegemonía se debilita y decide actuar antes de que sea irreversible. La ofensiva conjunta que Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero de 2026 contra Irán no comenzó en esa madrugada, comenzó en el cálculo estratégico de una potencia que observa cómo el orden que construyó sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, consolidó tras el derrumbe soviético y pretendió perpetuar en los años noventa como un fin de la historia, se fragmenta ante la emergencia de nuevas economías, nuevas coaliciones y nuevas cadenas de suministro que escapan a su control. La guerra contra Irán es, en ese sentido, mucho más que una operación militar, es el síntoma armado de una crisis de hegemonía, la forma violenta en que un imperio reacciona cuando descubre que el mundo se ha vuelto demasiado grande para que una sola potencia lo administre.

 

Para comprender lo que ocurre en el Golfo Pérsico en estas semanas es necesario remontarse a la doctrina que la segunda administración de Donald Trump ha ido construyendo, desde antes incluso de la toma de posesión de enero de 2025. Lo que algunos analistas han comenzado a llamar la Don-roe Doctrine, en alusión a la Doctrina Monroe del siglo XIX y al nombre del presidente que la actualiza, postula una premisa que sus arquitectos no siempre enuncian en voz alta, pero que sus acciones ilustran con elocuencia, la soberanía de los demás estados del mundo es una variable contingente que Washington puede ajustar cuando sus intereses energéticos, militares, tecnológicos o electorales así lo demanden. El derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas, los tratados multilaterales, las instituciones de Bretton Woods, todos esos instrumentos son útiles cuando refuerzan la voluntad norteamericana y prescindibles cuando la limitan. No es una política de Estado ordinaria. Es una doctrina.

 

Las señales llegaron desde el otoño de 2024. Trump amenazó con aranceles punitivos a Dinamarca si no cedía el control de Groenlandia, territorio autónomo danés al que calificó de necesidad estratégica. La primera ministra Mette Frederiksen respondió sin ambigüedad que Groenlandia no estaba en venta. El primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen fue igualmente claro: no más presión, no más fantasías de anexión. En el mismo período, Trump declaró que haría de Canadá el estado 51 y lanzó amenazas arancelarias contra México, América Latina Incluida Colombia y la Unión Europea. La lógica era siempre la misma. La soberanía de los otros es una moneda de cambio cuyo valor fija Washington. El tablero del siglo XXI, en esta visión, no es multipolar sino unipolar o no es nada.

 

Pero para entender por qué esta doctrina señala hacia Venezuela e Irán y no hacia otros lugares, hay que mirar por debajo de la retórica de la democracia, las amenazas nucleares y la lucha contra el narcotráfico. Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, el 17% del total global. Irán controla el Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita el 20% del comercio mundial de hidrocarburos y es la cuarta reserva de petróleo más grande del mundo. Son los dos nodos más estratégicos del sistema energético que alimenta las economías del siglo XXI, y el control de esos nudos es la palanca sobre la que se asienta la hegemonía que los próximos cincuenta años distribuirán entre quienes sepan retenerla. El petróleo no es solo gasolina, es el insumo que alimenta los centros de datos de la inteligencia artificial, cuyos modelos consumen cantidades industriales de electricidad, controlar el flujo energético es, en el lenguaje del siglo que comienza, controlar la velocidad y el costo de la carrera tecnológica. Y en esa carrera, el principal competidor de Washington no está en Teherán ni en Caracas, está en Pekín.

 

La convergencia entre los objetivos geopolíticos de Estados Unidos y los intereses de sus grandes compañías tecnológicas son una estructura de incentivos verificable, Las mismas empresas que proveen la infraestructura de nube, los modelos de inteligencia artificial y las plataformas de vigilancia militar y civil necesitan garantizar, durante décadas, un flujo estable y barato de minerales críticos, galio, germanio, neodimio, tierras raras, indispensables para fabricar radares, sensores, chips avanzados y los componentes de sistemas de armas como el F-35, los Patriot o los THAAD. China refina una parte crucial de esos minerales y, entre 2023 y 2025, demostró que está dispuesta a utilizarlos como arma silenciosa, restricciones a la exportación de galio y germanio que pusieron a industrias occidentales enteras al borde de la paralización.

 

Cuando Washington traza sus líneas rojas sobre el Estrecho de Ormuz, sobre el cinturón del litio latinoamericano o sobre las zonas de extracción africanas y asiáticas, lo hace también como representante de un bloque corporativo que necesita esos insumos para alimentar tanto sus arsenales como sus servicios digitales. La guerra inteligente resulta ser, vista desde esa óptica, la forma armada de una misma racionalidad, la que subordina territorios, cuerpos y datos a la reproducción del complejo militar-digital-extractivo.

 

Pekín comprende esta geometría con una claridad que sus rivales suelen subestimar. China adquiere más del 90% de la producción de petróleo iraní y firmó con Teherán en 2021 un acuerdo de cooperación a veinticinco años por 400 mil millones de dólares, pieza central de la Ruta de la Seda. Rusia compra los drones Shahed fabricados por Irán para utilizarlos en Ucrania, atacar a Irán es, en esa lógica, atacar simultáneamente la cadena energética de China, la logística militar de Rusia y el control del Golfo Pérsico que Washington reclama para sí, pero China lleva años preparándose para exactamente este escenario. En 2025 incrementó sus importaciones de crudo en alrededor de un 4.4%, y más del 80% de ese aumento se destinó a reservas estratégicas. A comienzos de 2026 acumulaba cerca de 900 millones de barriles en sus reservas estatales, equivalentes a unas 10 u 11 semanas de importaciones, y tenía más de 40 millones de barriles de petróleo iraní almacenados en superpetroleros fondeados en aguas asiáticas. Pekín llena depósitos, firma acuerdos de largo plazo en los BRICS ampliados y la Organización de Cooperación de Shanghái, y se presenta ante el sur global como garante de estabilidad energética. Estados unidos lo sabe además que de alguna manera cada disparo sobre Ormuz refuerza, paradójicamente, la centralidad de China en la geografía del petróleo, Washington dispara y Pekín acumula, esa asimetría estratégica es, por sí sola, una derrota silenciosa.

 

Es en ese contexto de erosión hegemónica y competencia tecnológica que hay que leer el acto que definió el año antes de que comenzara la guerra. El 3 de enero de 2026, la llamada Operación Absolute Resolve extrajo por la fuerza al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores de Caracas, fue la primera vez en la historia moderna que Estados Unidos empleó su aparato militar para capturar a un jefe de Estado en ejercicio en su propio país, sin mandato judicial internacional ni autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en violación directa del artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. El profesor Marc Weller, del Centro Lauterpacht de Derecho Internacional de Cambridge, calificó la operación como una violación flagrante de la soberanía venezolana y de la Carta de la ONU. El canciller francés Jean-Noël Barrot advirtió que la captura iba en contra del principio de no uso de la fuerza, base del derecho internacional. China declaró que Estados Unidos había pisoteado descaradamente la soberanía de Venezuela. La CELAC emitió un comunicado de rechazo unánime. México, Colombia, Brasil y Argentina llamaron a sus embajadores en Washington para consultas. El mundo tomó nota, si Washington era capaz de extraer de su palacio presidencial a un jefe de Estado en ejercicio, ningún gobierno podía ya considerarse protegido por las normas que hasta entonces se creían universales.

 

Entonces llegó el 28 de febrero de 2026. A las dos y media de la madrugada, mediante un video publicado en Truth Social, grabado de pie ante un podio, con una gorra de béisbol blanca con el logo USA, sin dirigirse al Congreso como prescribe la tradición constitucional, Donald Trump anunció el inicio de la Operación Roaring Lion junto con Israel. Los objetivos declarados fueron el programa nuclear iraní, su infraestructura de misiles, su marina y, con una transparencia que heló el ambiente diplomático global, el cambio de régimen en Teherán.

 

Desde la primera hora, la guerra quedó marcada por la naturaleza de sus actos, el bombardeo inicial destruyó la escuela femenina Shajareh Tayyebeh en Minab, al sur de Irán. Según autoridades iraníes y medios internacionales que verificaron el material audiovisual, entre ellos The New York Times, Reuters, The Washington Post y CBC, el ataque causó la muerte de ciento sesenta y cinco personas, la mayoría niñas de entre 7 y 12 años. La portavoz de derechos humanos de la ONU pidió una investigación imparcial y exhaustiva. El secretario de Defensa Pete Hegseth confirmó que el Pentágono investigaría el ataque, Israel solo lo negó. Ningún país asumió la responsabilidad, el primer día de la guerra de la potencia más poderosa del planeta dejó como principal imagen documentada 165 niñas muertas bajo los escombros de su escuela.

 

La ofensiva desplegó, a una escala sin precedentes, el aparato de guerra algorítmica que el Pentágono y las industrias tecnológicas de Silicon Valley han construido durante la última década, modelos avanzados de inteligencia artificial integrados en los sistemas de mando procesaron inteligencia en tiempo real, priorizaron listas de objetivos y simularon respuestas iraníes en segundos, ´plataformas como las de Palantir operaron sobre gemelos digitales de refinerías, bases militares y nodos logísticos iraníes, combinando imágenes satelitales, señales interceptadas y datos comerciales para proponer blancos con una pretendida neutralidad técnica que oculta el sesgo político de su entrenamiento. Israel extendió al escenario iraní los sistemas de selección algorítmica que ya había probado en Gaza, donde programas como Habsora y Lavender asignaban jerarquías de valor militar a edificios y personas en función de patrones de datos. El resultado fue una guerra a velocidad de máquina, centenares de ataques coordinados en pocas horas, enjambres de drones kamikaze de bajo costo, misiles de crucero contra infraestructuras críticas, operaciones cibernéticas que acompañaron cada oleada con apagones digitales. La frontera entre el laboratorio de Silicon Valley y el teatro de operaciones en el Golfo se disolvió. Empresas como Lockheed Martin, RTX, Northrop y Palantir se benefician simultáneamente de los contratos de armamento y del software que alimenta la guerra algorítmica, y sus valoraciones bursátiles reaccionan a los partes de guerra, la guerra, en esta era se convirtió en un campo de pruebas comerciales.

 

Y en ese despliegue tecnológico, en esa precisión algorítmica que prometía objetivos quirúrgicos y bajas mínimas, Washington ha declarado que esta guerra terminará con el cambio de régimen en Teherán. Pero las guerras no terminan donde los algoritmos predicen. Terminan donde la política, la sociedad y la historia deciden que deben terminar. Y en ese territorio, el dominio tecnológico no garantiza la victoria, garantiza sólo la capacidad de seguir destruyendo mientras el costo de la destrucción no exceda la capacidad de quien la financia. En esa ecuación, Pekín ya ha hecho sus cálculos y Washington, todavía no.

 

Columna de opinión e investigación periodística. Publicada el 8 de marzo de 2026.

 

Fuentes:

 

Al Jazeera. (2026, February 28). Death toll in Israeli strike on southern Iran school rises to 165. Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/28/israel-strikes-two-schools-in-iran-killing-more-than-50-people

 

UNESCO. (2026, March 1). Iran – UNESCO calls to keep schools out of conflict. UNESCO. https://www.unesco.org/en/articles/iran-unesco-calls-keep-schools-out-conflict

 

UN News. (2026, February 28). Deadly bombing of Iran primary school “a grave violation”, say UN officials. United Nations. https://news.un.org/en/story/2026/03/1167063

 

United Nations Security Council. (2026, January 4). United States action in Venezuela puts sovereignty of States, international law at stake, many speakers tell Security Council (Press release SC/16271).

 

United Nations. https://press.un.org/en/2026/sc16271.doc.htm

 

Weller, M. (2026, January 7). The US capture of Venezuela’s Maduro: An international legal analysis.

University of Cambridge. https://www.cam.ac.uk/research/news/the-us-capture-of-venezuelas-maduro-an-international-legal-analysis

 

Chatham House. (2026, January 5). The US capture of President Nicolás Maduro – and attacks on Venezuela – have no justification. Chatham House. https://www.chathamhouse.org/2026/01/us-capture-president-nicolas-maduro-and-attacks-venezuela-have-no-justification

 

France 24 / Agence France-Presse. (2026, January 3). France says capture of Venezuelan president violates international law. France 24. https://www.aa.com.tr/en/europe/france-says-capture-of-venezuelan-president-violates-international-law/3788920aa+1

 

U.S. Energy Information Administration. (2026, March 1). Expanding strategic oil stocks in China support crude oil prices. EIA Today in Energy. https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=66319

 

International Energy Agency. (2025). Oil 2025: Analysis and forecast to 2030. IEA. https://iea.blob.core.windows.net/assets/018c3361-bc01-4482-a386-a5b2747ae82a/Oil2025.pdf

 

Wikipedia contributors. (2024, November 12). Iran–China 25-year Cooperation Program. In Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Iran%E2%80%93China_25-year_Cooperation_Program

Iran International. (2026, January 12).

 

US ambassador to UN: China buys 90% of Iran’s illicit oil. Iran International. https://www.iranintl.com/en/202601132867

 

Kovalio, J. (2024, April 24). “Lavender”: The AI machine directing Israel’s bombing spree in Gaza. +972 Magazine. https://www.972mag.com/lavender-ai-israeli-army-gaza/

 

Tech Policy Press. (2024, May 12). When algorithms decide who is a target: IDF’s use of AI in Gaza. Tech Policy Press. https://techpolicy.press/when-algorithms-decide-who-is-a-target-idfs-use-of-ai-in-gaza

 

Atlantic Forum. (2024, September 21). Habsora (הבשורה) and Lavender (אֲזוֹבִיוֹן) artificial intelligence systems. Atlantic Forum. https://www.atlantic-forum.com/our-views/habsora-and-lavender-artificial-intelligence-systems


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