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Rector de la UT se fue de viaje, mientras que el Tolima se quema

Rector de la UT se fue de viaje, mientras que el Tolima se quema

Foto: Jhon Jairo Méndez Arteaga, rector de la Universidad del Tolima. cambioin.com

Por: Editor en Jefe - Publicado en agosto 28, 2026

Hay maneras de estrenar una Rectoría. Está la del que llega a mojarse. O está la del que llega con la maleta lista. Jhon Jairo Méndez Arteaga se posesiona el 12 de septiembre. Todavía no manda y ya se sabe cómo va a mandar, porque en estos días los días del humo y quemas profundas en el Tolima entero, le puso el examen por adelantado y él contestó con un tiquete y se fue a pasear, parrandear, beber y chicanear dólares pagos por la Universidad del Tolima.

 

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Por: Editor Local y denuncia ciudadana. CambioIn.com

 

Doce de los catorce incendios activos del país están ubicados aquí en el Departamento. El Ministerio de Ambiente tuvo que prohibir hasta las quemas controladas. La Fuerza Aérea sobrevolando Coello y Lérida. Bomberos de Bogotá en San Luis. Y en Gualanday, la noche del 20 de agosto, un grupo de estudiantes de la Universidad del Tolima, llegó a meterle el hombro a un incendio y terminó grabado, viralizado y regañado.

 

La gobernadora Adriana Magali Matiz que es, además, la presidenta del Consejo Superior que lo eligió a él, salió a respaldar al particular que los encaró. "No vengan a chimbear". Así, con esa elegancia de toda una dama maltratando a los estudiantes, a sus familias y pasando por encima del dolor de las comunidades que venían con los ojos rasgados la pérdida de todo lo que algún día les dio felicidad sus tierras.

 

Vale la pena detenerse en la escena, porque es perfecta. Muchachos de una universidad pública, provenientes de municipios del departamento que se quemaron, haciendo lo que su universidad no organizó. Y la máxima autoridad del departamento no defendiéndolos a ellos, sino al que los mandó a callar, a perseguir y a manipularlos con comunicados que nadie les para atención ni mucho menos le dan importancia solamente tiene un suspiro al interior de la burocracia inepta, mafiosa y clientelar de la UT.

 

¿Y el rector electo? Escribiendo hojas de ruta. Hablando de inteligencia artificial y transformaciones curriculares. Muy siglo XXI todo, muy PowerPoint al estilo de un Canva que según fuentes internas no sabe manejar porque ahora solo se preocupa por repartir grandes tortas y bacanales de la burocracia, mientras a cuarenta minutos de Ibagué la gente perdía potreros y animales y sus estudiantes ponían el pecho sin un peso institucional detrás, pero sí con la persecución y el hostigamiento de la propia universidad que los rechaza, los humilla y los ve como la escoria de la sociedad tolimense.

 

Que quede claro: hubo puntos de acopio, hubo brigadas de veterinaria en San Luis, hubo estudiantes en Ortega. Eso lo hizo la comunidad universitaria. No lo hizo la rectoría. La rectoría llegó después, con boletín. Hoy esta redacción tiene una lista y datos de posibles mercados que fueron direccionados a los votantes del barretismo y el partido conservador en los municipios afectados, a su vez, se tiene conocimiento que altos funcionarios de la Universidad del Tolima, se están quedando con amplios mercados, colchonetas y ayudas humanitarias y están siendo destinados a familiares de segundo y tercer grado, lo que despierta la duda de jugar con la necesidad de la gente y la buena voluntad de las personas solidarias con la causa de las víctimas de los SISMO y las quemas profundas en el departamento.

 

La defensa: los muchachos

Lo grave no es el silencio. El silencio es cobardía ordinaria y de esa hay mucha. Lo grave es que cuando por fin hubo posición, la posición fue contra el movimiento estudiantil y contra los colectivos. Contra los que estaban en el incendio. No contra la gobernadora que los humilló, no contra la Corporación que no previno, no contra el departamento que lleva años sin política de riesgo. Contra los muchachos.

 

Eso ya no es tibieza. Eso es escoger bando, y ahí aparece la palabra que en la UT se volvió mueble viejo: autonomía. La autonomía universitaria no es un artículo en un estatuto para citar en los discursos de posesión. Es la capacidad de un rector de mirar a la gobernadora a los ojos y decirle que a sus estudiantes no los trata así nadie. Punto.

 

Cuando el rector se calla frente a quien preside el órgano que lo nombró, la autonomía no se perdió: se entregó. Y se entregó barata. Méndez tiene el argumento fácil a la mano y chimbo ante la comunidad "todavía no me he posesionado". Es cierto y es indigno. Un hombre que aspiró a la rectoría con nueve mil setecientos treinta y nueve votos, no puede decirle a esa gente que su vocería empieza cuando le entreguen la oficina. La legitimidad no se activa con acta notarial sino que se demuestra con los hechos ante la comunidad universitaria.

Aquí está el problema de fondo, y no tiene nada que ver con los incendios. Méndez no llega de afuera. Fue vicerrector de Investigaciones. Fue vicerrector Académico y de Docencia. Estuvo adentro, en la mesa, cuando se cocinaron los asuntos que hoy tiene que resolver. El empalme con el equipo de Omar Mejía fue, según él mismo, "cordial". Cordialísimo. Lo raro habría sido lo contrario: uno no se hace un empalme áspero consigo mismo, Méndez es un catálogo que ha dicho la misma comunidad el candidato del oportunista y la mafia del poder del departamento.

 

Ya en mayo, antes de la elección, en la prensa regional se leía la tesis sin anestesia: Méndez como continuidad con rostro menos costoso. Méndez como puente. Méndez como manera de cambiar el nombre sin cambiar el régimen.

Que lo desmienta. Pero que lo desmienta con hechos, no con comunicados. Porque las tareas que hereda no son de gestión, son de responsabilidad. Los concursos docentes que ASPU lleva años denunciando como direccionados, y que un juzgado tuvo que obligar a la universidad a hacer públicos. La Unidad de Género se declaró impedida para investigar al rector saliente. La contratación de obra, que sigue publicándose en el portal de la universidad y que nadie en Ibagué ha auditado línea por línea. Los proyectos de energía solar de los que se habla mucho y se muestra poco.

 

De todo eso Méndez no es auditor. Es testigo. Y en algunos capítulos, coautor.

El sindicato que dejó de morder

Y ahora lo incómodo, lo que en Ibagué se comenta en voz baja y nadie escribe. En mayo, ASPU-Tolima denunció públicamente un plan sistemático de persecución sindical. Nombres propios: Ricardo Pérez Bernal, Ever Hernández Cuadrado, Juan Felipe Rodríguez Vargas, todos con procesos disciplinarios abiertos. Le pidieron intervención a dos ministerios, a la Procuraduría General y a tres congresistas. Recordaron que a Hernández Cuadrado lo habrían encañonado en zona rural de Ibagué en 2025 después de un debate en el Consejo Superior. Recordaron las amenazas contra su presidenta, denuncia que reposa en la Fiscalía.

Eso fue en mayo. Tres meses. ¿Alguien puede explicarle al Tolima cómo un sindicato que en mayo hablaba de persecución sistemática llegó a agosto sin voz? ¿Cómo pasó de exigir la intervención de la Procuraduría a no pronunciarse cuando a sus estudiantes los mandan a callar en un incendio?

 

Preguntó, que para eso son las columnas: ¿los procesos disciplinarios contra los directivos de ASPU siguen en pie, o alguien acordó archivarlos? ¿Quién quedó en el equipo de la nueva rectoría y con qué proceso encima? ¿La Oficina de Control Disciplinario Interno mantiene los expedientes o los está cerrando en silencio como ya se sabe TODO fue cuadrado a puertas cerradas y con amplios beneficios para gran parte de la junta de ASPU?

 

Que respondan. Con radicados, no con adjetivos. Porque si esos procesos se caen en los próximos meses sin explicación pública, el Tolima va a entender de un solo golpe por qué el sindicato más ruidoso del departamento amaneció mudo. Y ninguna asamblea le va a lavar eso. Esta redacción tiene audios, conversaciones, chats y evidencias que ASPU cedió, se vendió y negocio su autonomía e independencia, ahora será un simple sindicato charro, oportunista y cómplice de la nueva administración de Méndez en la UT.

Un renglón final para el organismo que debía vigilar todo esto. La Procuraduría acompañó preventivamente la elección rectoral. Estuvo. Miró. Y no vio nada. ASPU le pidió expresamente que asumiera los procesos disciplinarios contra los sindicalistas, precisamente porque no confiaba en que la universidad se juzgara a sí misma. Ese es el punto que nadie quiere tocar: cuando el ente de control tiene cercanía con el vigilado, la vigilancia deja de ser control y pasa a ser compañía. ¿Hay impedimentos declarados en el expediente del Tolima? ¿Alguien los pidió? ¿Alguien los negó? Si la respuesta es que no hubo ninguno, entonces el problema es peor de lo que parece, porque significa que aquí nadie considera que haya nada que declarar. Pues todo el mundo sabe de la amistad casi íntima del rector Omar Mejia con la procuradora regional del Tolima.

 

El maldito, miserable y predestinado fracaso del 12 de septiembre. Pues desde allí empieza la era de Méndez, es decir se posesiona en dos semanas. Todavía puede desmentir la tesis del puente. Le bastaría con hacer tres cosas y no le cuestan un peso. Decir en voz alta, con nombre y apellido, que a los estudiantes de la Universidad del Tolima no se les trata como se les trató en Gualanday. Ordenar que la contratación de obra y los proyectos de energía de los últimos cuatro años se publiquen completos y se sometan a auditoría externa, no interna. Y garantizar por escrito que ningún proceso disciplinario contra sindicalistas y profesores se archiva sin decisión motivada y pública. Tres cosas. Ninguna requiere presupuesto. Todas requieren carácter. Si no las hace, que no vuelva a hablar de universidad del siglo XXI.

 

Que hable de lo que de verdad recibió: una universidad del siglo pasado, con un rector que aprendió que en el Tolima se llega lejos cuando uno entiende a tiempo a quién no hay que incomodar, y que aplique la regla hábil del exrector Omar Mejia la compra de conciencias, la repartición de la mermelada de la burocracia y la complicidad de los altos mandos y funcionarios de la Universidad del Tolima con amplios sectores mafiosos y politiqueros del barretismo en la región.

El humo, por lo menos, se va a disipar y esta crónica de una rectoría que nació del cementerio de la muerte, de la producción de puntos salariales, de los contratos para familias y de la desgracia del dolor de una comunidad universitaria que pide a cielo abierto, bajo un grito perplejo solo un poco de justicia en medio de tanta miserables humana e injusticias, porque al final es la única universidad pública del departamento del Tolima.

 

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