Foto:Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. columnista invitado cambioin.com
Por: Editor en Jefe - Publicado en agosto 23, 2026
Por: Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera. Columnista invitado cambioin.com
Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.
La undécima Conferencia Mundial de Robótica termina hoy en Beijing, detrás de ella y los humanoides que sirven café hay cinco años de legislación, una tecno/república que subsidia cada condición de existencia de una industria y una disputa mundial por el archivo del gesto y la experiencia humana.
En una nave de seis mil metros cuadrados en Zigong, una ciudad de la provincia de Sichuan que ningún mapa tecnológico había señalado antes, un muchacho de poco más de veinte años llamado Ouyang Yuanbin se calza unas gafas de realidad virtual y empieza a mover los brazos en el aire, con la paciencia de quien enseña a un niño a atarse los zapatos, mientras al otro lado del guante un humanoide Walker S2 repite el gesto hasta conseguir clasificar un paquete sin dejarlo caer. La agencia Xinhua reportó la escena en marzo, en una crónica sobre un centro de recolección de datos multimodales que a plena capacidad debe producir quince mil registros diarios y hasta tres millones de registros útiles al año, uno más de una red de instalaciones repartidas por el país. Ese muchacho no fabrica robots ni los programa en el sentido clásico de escribir instrucciones, porque su jornada consiste en prestarle el cuerpo a una máquina para que un modelo estadístico aprenda cómo se sostiene una caja, cómo se rodea a una persona que se atraviesa y cómo se corrige el hombro cuando el pie resbala. Esa nave, y no los pabellones iluminados de la capital, es el motor de cuánto China exhibió durante esta semana ante el mundo.
A ochocientos kilómetros de allí, en el Centro Internacional de Convenciones Beiren Yichuang de Yizhuang, la zona de desarrollo económico y tecnológico de Beijing, la undécima Conferencia Mundial de Robótica abrió sus puertas el miércoles 19 de agosto y las cierra hoy, domingo 23, bajo el lema «Simbiosis humano-máquina, integración entre producción y demanda». El encuentro se celebra desde 2015 y acumula más de un millón ochocientas mil visitas; la edición del año pasado registró doscientas setenta y un mil asistencias presenciales, cincuenta y dos millones de espectadores en transmisión directa y quinientos veintisiete invitados internacionales. La de este año reunió más de trescientos expositores, un treinta y seis por ciento más, con dos mil productos y ciento cincuenta estrenos mundiales sobre cincuenta mil metros cuadrados, un pabellón inaugural para cuarenta y nueve empresas estatales de administración central que presentaron doce escenarios de aplicación, y una competencia con más de diez mil concursantes de veinte países, respaldada por cerca de treinta organizaciones internacionales, entre ellas la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y la Federación Internacional de Robótica.
El calendario ordena todo lo demás, ya que por primera vez cada jornada tuvo destinatario propio, con el 19 de agosto como día del lanzamiento, el 20 como día de la compra, con rondas de negociación y emparejamiento de cadena de suministro, el 21 como día de los desarrolladores, y ayer sábado y hoy abiertos al público, que recorre una calle de consumo robótico donde cocineros mecánicos preparan comidas de marca. Ninguna feria organiza así su tiempo. Ese reparto pertenece a otra clase de dispositivo, uno que ensambla en cinco días las piezas de una industria en formación, e incluye, entre sus anuncios menos comentados, un Plan Global de Exploración de Aplicaciones Robóticas mediante el cual la organización entregará humanoides, cuadrúpedos y manos diestras de producción en serie a equipos de innovación de cualquier país para que los prueben en entornos reales. La máquina viaja gratis; la experiencia que produce en el almacén de Yakarta o en el hospital de Nairobi regresa convertida en registros al ecosistema que la fabricó.
En la ceremonia inaugural, el viceministro de Industria y Tecnología de la Información, Xin Guobin, entregó el balance oficial, según el cual los ingresos de las empresas robóticas chinas superaron los trescientos mil millones de yuanes en 2025 —unos cuarenta y cuatro mil quinientos millones de dólares— y llegaron a ciento sesenta y cinco mil quinientos millones en el primer semestre de este año, un veinticuatro coma cinco por ciento más que un año atrás. Un yuan cotiza en agosto de 2026 alrededor de 457 pesos colombianos y cerca de quince centavos de dólar, de suerte que los cien millones anuales que Yizhuang destina a cupones de datos equivalen a unos cuarenta y cinco mil setecientos millones de pesos, y los diez mil millones de la matriz de fondos que allí se proyecta rondan los cuatro coma cinco billones de pesos, más de mil cuatrocientos millones de dólares puestos por una sola zona industrial en una sola línea de política pública.
Esa manera de gobernar la economía tiene una genealogía legislativa precisa que permite observar cómo razona la tecnorrepública china cuando decide ganar un mercado. En diciembre de 2021, quince organismos nacionales firmaron el plan quinquenal de la industria robótica —documento 工信部联规〔2021〕206号—, que describió a los robots como la joya en la cúspide de la manufactura y ordenó controlar componentes, software, integración y servicios. En enero de 2023, diecisiete organismos publicaron el plan de acción «Robot+» —工信部联通装〔2022〕187号—, que abandonó la pregunta por cómo fabricar máquinas para concentrarse en dónde ponerlas, seleccionó diez campos que van de la manufactura y la agricultura a la atención de los mayores y las emergencias, y se comprometió a duplicar la densidad robótica de la manufactura antes de 2025 y a promover más de doscientos escenarios típicos de aplicación. En octubre de ese año, las directrices sobre robots humanoides —工信部科〔2023〕193号— situaron a estos aparatos como el producto disruptivo llamado a seguir a los computadores, los teléfonos inteligentes y los vehículos eléctricos, y ordenaron construir bases de datos de entrenamiento y entornos de simulación. El decimoquinto plan quinquenal, que rige desde este año, inscribió la inteligencia incorporada entre las nuevas pistas industriales del país.
En esas mismas directrices el ministerio dividió al humanoide en cerebro, cerebelo y extremidades. El cerebro designa los modelos de inteligencia artificial que perciben el entorno, comprenden una orden hablada, planifican una secuencia y deciden ante lo imprevisto, capa que exige cómputo de alto rendimiento y en la cual China sigue dependiendo de los procesadores de diseño estadounidense. El cerebelo agrupa el control del movimiento en tiempo real: el equilibrio sobre dos piernas, la marcha sobre superficie irregular, la fuerza con que una mano sujeta un huevo sin romperlo y suelta una caja sin lanzarla, capa que no se resuelve con mejores algoritmos porque se entrena con millones de repeticiones físicas, y ahí se libra la competencia decisiva. Las extremidades reúnen el cuerpo material: actuadores, articulaciones, reductores de precisión, servomotores, sensores de fuerza y par, manos diestras, baterías y estructura.
En esa tercera capa convergen tres industrias que China llevaba décadas construyendo. La cadena del vehículo eléctrico le aportó baterías, motores, electrónica de potencia y control térmico; la electrónica de consumo, ensamblaje de precisión, cámaras y sensores baratos a escala planetaria; la manufactura pesada, fundición, mecanizado y una base instalada que absorbe alrededor de la mitad de todos los robots industriales que se instalan en el mundo cada año. A ese conjunto se suma el control de cerca del noventa por ciento del refinado mundial de tierras raras y de los imanes permanentes que van dentro de cada motor articular, de suerte que el país que fabrica el cuerpo también posee el mineral con que se fabrica. La dependencia inversa persiste en dos puntos que la narrativa oficial omite. Los reductores armónicos y cicloidales de alta precisión, entre veinte y cuarenta por humanoide, siguen concentrados en las japonesas Harmonic Drive Systems y Nabtesco, con participaciones estimadas del ochenta y cinco y del sesenta por ciento de sus respectivos mercados, mientras los chips que entrenan al cerebro llegan del otro lado del Pacífico. Beijing domina el cuerpo, pelea el cerebelo y arrienda el cerebro, y toda su política de la última década consiste en corregir ese desequilibrio por el único camino que tiene disponible: acumular la experiencia física que ningún competidor posee.
La traducción territorial de esa arquitectura llegó el 12 de agosto de 2025, cuando el comité de gestión de Yizhuang expidió el acuerdo 京技管发〔2025〕17号, vigente hasta agosto de 2028 y aplicable a los doscientos veinticinco kilómetros cuadrados de la nueva ciudad, cuyos diez artículos subsidian una por una las condiciones de existencia de la industria: cien mil yuanes de premio a cada sitio de entrenamiento seleccionado como referencia y hasta dos millones por empresa según el valor y la calidad de los conjuntos de datos creados; cien millones anuales en cupones que devuelven el diez por ciento de las transacciones de datos; hasta treinta millones para la comunidad de desarrolladores que reprograman cuerpos ajenos; treinta por ciento al dueño del escenario que abre su fábrica o su hospital; diez por ciento de las ventas de humanoides; la mitad de la prima del seguro; el diez por ciento del arriendo para quien prefiera alquilar; y hasta el cupo escolar de los hijos del ingeniero extranjero que decida radicarse allí. La meta fijada para el final de 2027 se resume en una fórmula aritmética —más de cinco empresas líderes, más de diez escenarios típicos, más de cien empresas, más de mil especialistas, capacidad de producción de diez mil robots— y culmina en la cifra que explica el resto: conjuntos de datos del mundo real del orden de las decenas de millones de registros.
El modelo financiero invierte la secuencia que Occidente considera natural. El plan E+100, lanzado en mayo, destina doscientos millones de yuanes anuales en fondos especiales —unos noventa y un mil millones de pesos—, abre más de cincuenta campos de entrenamiento y articula más de cincuenta instituciones de inversión alrededor de cien empresas jóvenes escogidas por la administración, a las cuales el Estado entrega antes que nadie el escenario donde probarse, el dato con el que entrenarse, el comprador que las sostenga, el seguro que las cubra y la cadena que las abastezca. Cuando esas compañías salen al mercado mundial ya no lo hacen como apuestas de riesgo, y la colocación bursátil de Unitree el 6 de agosto, a ciento cincuenta yuanes con ochenta por acción y con una valoración cercana a los nueve mil millones de dólares, es la primera cosecha visible del método, y la compra anunciada por la estatal State Grid de unos ocho mil quinientos robots especializados por seis mil ochocientos millones de yuanes —alrededor de mil millones de dólares— muestra quién sostiene el volumen mientras cae el costo unitario. El capital público entra temprano donde el privado no se atreve y se retira cuando la valorización ya está asegurada, con el informe que la banca de inversión CICC elaboró junto a la operadora de la zona sobre más de trescientas empresas recomendando al resto del país subsidiar aplicaciones reales en lugar de expandir capacidad.
Lo que se disputa en esa carrera no son las máquinas. La inteligencia artificial aprendió a predecir la palabra siguiente porque la humanidad había dejado escrita su producción simbólica durante tres milenios y ese archivo pudo apropiarse sin permiso ni pago, pero nadie escribió jamás el peso de una bandeja mal sostenida ni el ángulo de una puerta que se atasca, de manera que el archivo del gesto hubo que salir a fabricarlo desde cero. Los cupones de datos, los campos de entrenamiento que cotizan la hora de captura entre quinientos y mil yuanes —entre doscientos veintiocho mil y cuatrocientos cincuenta y siete mil pesos por cada hora de experiencia humana registrada— y las instalaciones como la de Zigong pertenecen a esa fabricación, igual que Spirit AI, la empresa de Beijing que acumula más de doscientas mil horas de interacción real, se propone superar el millón antes de que termine el año, redujo cerca de un noventa por ciento el costo de captura con dispositivos vestibles y opera una red de recolección en más de cien ciudades chinas. Quien controle esa base analítica global controlará la educación de los robots del planeta, y con ella el insumo del que depende lo que la industria llama superinteligencia, que no será un texto más elocuente sino un sistema capaz de manipular objetos y que por ahora necesita que alguien le preste el cuerpo.
Washington eligió el camino contrario, y el 28 de julio la Comisión Federal de Comunicaciones incorporó los humanoides y cuadrúpedos de fabricación extranjera a su lista de equipos vedados por seguridad nacional, con lo cual los modelos nuevos no pueden entrar al mercado estadounidense, salvo por una excepción que dice más que la prohibición misma, pues el Gobierno federal puede seguir comprando lo que a los particulares se les niega. Tokio comprometió en junio diez coma cinco billones de yenes hasta 2040 y Seúl fijó la meta de un quinto del mercado mundial de humanoides, con lo cual cuatro potencias persiguen el mismo activo por caminos opuestos sin que ninguna lo nombre en público.
El costo de esa carrera está escrito, con una franqueza que sorprende, en la propia legislación china. El plan «Robot+» le ordenó en 2023 al ministerio del trabajo evaluar oportunamente el impacto de los robots sobre el empleo y promover la recolocación de los trabajadores afectados, y le encargó al mismo tiempo formular normas de ética robótica, y escribió así la previsión del daño en el mismo documento que ordenó el despliegue. El fundador de JD.com declaró este año que los robots harán las entregas y que sus setecientos mil repartidores dejarán de ser necesarios, en un país cuya población en edad de trabajar superó los mil millones de personas hace una década y lleva tres años de retroceso, de manera que la escasez futura de trabajadores y el desplazamiento presente son el mismo movimiento visto desde dos momentos. El desplazamiento tampoco se limita ya a la línea de producción, porque la máquina que recibe una orden hablada, decide en qué orden ejecutarla y evalúa si el resultado sirve recibe con ella la construcción del sentido y del valor de la tarea, último territorio donde el trabajo humano conservaba autoridad.
Nada de esto ocurre con la eficiencia que sugiere el espectáculo, y los propios operadores lo reconocen. UBTECH admitió ante CNN que sus modelos más avanzados alcanzan cerca del ochenta por ciento de la productividad humana en tareas acotadas, la filial de alquiler de Agibot cobra entre tres mil y tres mil quinientos yuanes diarios y envía un operador humano junto con el equipo, y de cada cien horas capturadas en los campos de entrenamiento apenas la mitad resulta aprovechable. La distancia entre el humanoide que baila en una tarima y el humanoide que sostiene un turno completo sigue siendo la distancia entre una imagen y un activo.
El lema de la conferencia nombra una relación entre especies que se benefician mutuamente, y en Yizhuang ocurre algo distinto, pues la ASEAN, la asociación de robótica de Nepal y la de Camerún acudieron el año pasado a ofrecer su realidad como campo de entrenamiento, en el mismo gesto con que el programa global de exploración entrega máquinas gratuitas a cambio de la experiencia que capturarán. Hay allí una atracción sin retorno y un desplazamiento sucesivo y creciente del ser humano, primero de la línea de producción y después de la construcción del sentido, acompañado de una extracción permanente de conocimiento, de conducta, de experiencia y de lenguaje que no se paga ni se redistribuye, y que se amalgama bajo lógicas corporativas indistinguibles entre una tecnorrepública y otra, porque tanto Beijing como Washington operan con los mismos insumos —energía, tierras raras, minerales críticos, cómputo, datos, experiencia acumulada— y ninguno de los dos ha propuesto jamás un mecanismo de retribución para quienes los aportan. El muchacho de Zigong volverá a ponerse las gafas mañana lunes, con los pabellones de Beijing ya desmontados, y el gesto que enseñe no volverá a ser suyo.
Documentos y fuentes
Documentos oficiales chinos
Ministerio de Industria y Tecnología de la Información y otros catorce organismos, «XIV Plan Quinquenal para el Desarrollo de la Industria Robótica», documento 工信部联规〔2021〕206号, diciembre de 2021.
Ministerio de Industria y Tecnología de la Información y otros dieciséis organismos, «Plan de Implementación de la Acción de Aplicación Robot+» (机器人+应用行动实施方案), documento 工信部联通装〔2022〕187号, publicado el 19 de enero de 2023.
Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, «Orientaciones para el Desarrollo Innovador de los Robots Humanoides», documento 工信部科〔2023〕193号, octubre de 2023.
Comité de Gestión de la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Beijing, «Varias medidas para promover el desarrollo innovador de los robots de inteligencia incorporada», documento 京技管发〔2025〕17号, expedido el 12 de agosto de 2025, publicado en la Gaceta del Gobierno n.º 39 de 2025 y vigente hasta el 31 de agosto de 2028.
Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Beijing, «Plan de salto E+100», presentado en la conferencia ecológica «La era del cuerpo · La creación inteligente de cien», mayo de 2026.
Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Beijing, paquete de política sobre economía del token, 7 de agosto de 2026.
XIV y XV Planes Quinquenales de Desarrollo Económico y Social de la República Popular China, en lo relativo a manufactura inteligente e inteligencia incorporada.
Departamento de Investigación de CICC y Yizhuang Robot Company, «Tendencias de desarrollo de los futuros unicornios globales de inteligencia incorporada 2026», mayo de 2026.
Documentos oficiales de otros Estados
Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos, incorporación de robots humanoides y cuadrúpedos de fabricación extranjera y de inversores de potencia a la Lista de Equipos Cubiertos, 28 de julio de 2026.
Gabinete del Japón, estrategia de los diecisiete sectores estratégicos, 24 de junio de 2026.
Ministerio de Comercio, Industria y Energía de la República de Corea, Alianza K-Humanoid (abril de 2025) y metas de participación de mercado fijadas en junio de 2026.
Prensa e informes
Xinhua, crónica sobre el Centro de Recolección y Ensayo de Datos Multimodales para Robots Humanoides de Sichuan, Zigong, marzo de 2026, y despachos sobre el restaurante robotizado de Yizhuang.
Global Times y Gobierno Municipal de Beijing, coberturas y boletines de la Conferencia Mundial de Robótica 2025 y 2026.
China Daily, reportaje sobre la tienda insignia de robots de Yizhuang, junio de 2026.
CNN, reportaje sobre el mercado de alquiler de robots humanoides, junio de 2026, y sobre automatización y descenso demográfico, febrero de 2026.
Smart Analytics Global, estimaciones de despachos mundiales de robots humanoides del primer semestre de 2026.
Federación Internacional de Robótica, comunicado sobre la robótica impulsada por inteligencia artificial como núcleo de la estrategia nacional china, 2026, y estadísticas mundiales de instalación de robots industriales.
Jamestown Foundation y análisis sectoriales de 2026, participaciones de mercado de Harmonic Drive Systems y Nabtesco en reductores de precisión.
Nota de transparencia editorial. La investigación, la tesis y la autoría de esta columna corresponden exclusivamente al autor. Se empleó asistencia automática para verificación de fuentes, revisión gramatical y composición tipográfica.
Estás Leyendo cambioin.com